La incertidumbre como paradigma

Avanzamos de manera inevitable hacia un modelo social distinto al que tenemos. Esto lo hemos intuido desde el principio de la crisis en las organizaciones de izquierdas, y enseguida concluimos de manera acertada que los cambios introducidos con la excusa de la crisis tenían vocación de permanencia. Acertamos al considerar que el objetivo del neoliberalismo era aprovechar el desconcierto que provoca la incertidumbre para acelerar su hoja de ruta. Nada era coyuntural. Si ganaban la batalla el mundo sería otro.

Pero si bien todo lo anterior es cierto (y se ha escrito mucho sobre ello), hoy conviene que acertemos en otro análisis fundamental para el futuro: si otras crisis se han caracterizado por ser periodos de transición entre dos “certezas”, en el caso actual parecería que la incertidumbre fuera otro de esos elementos que han venido para quedarse, y no sólo por el elevado grado de precariedad que la gestión neoliberal de la crisis ha introducido en todos los órdenes de la política. Incluso ganando la pelea veremos un mundo en el que el cambio va a ser continuo como consecuencia del avance ya no lineal sino exponencial de la tecnología, de los retos de la digitalización de la economía o del cambio climático, por ejemplo. Lo variable va a ser una constante del nuevo modelo social, y eso modifica radicalmente el contenido del debate político y el mismo significado de la tan manoseada palabra “cambio”.

Porque si la incertidumbre es consecuencia del paréntesis de la crisis, a la izquierda le basta con oponer a las certezas del enemigo las certezas propias, y tratar de que la salida de este periodo transitorio incluya la mayor cantidad posible de las mismas (preferiblemente todas). Bajo esta tesis podría llegar a tener sentido la proclama a la ventana de oportunidad de la nueva socialdemocracia. Se trataría de una guerra total que configurará un tiempo nuevo que, como los anteriores, tendrá su vigencia hasta la siguiente crisis del capitalismo. Pero, ¿y si este periodo de incertidumbre es ya el nuevo modelo? ¿Y si no hay ventana porque no estamos en una transición entre certezas? En este caso no se trataría tanto de oponer a unas certezas viejas (la vieja política) unas nuevas (nueva política), sino de capacitarse para lidiar políticamente con la incertidumbre, lo que redefine radicalmente el sentido del concepto “cambio” y las estrategias para alcanzarlo.

No obstante, conviene matizar o advertir sobre algunos riesgos. El hecho de asumir que conviviremos con un grado mayor de incertidumbre que en otros periodos “entre crisis” no supone necesariamente tener que moverse en la ambigüedad. Cuando hablamos de certezas nos referimos a modelos sociales intelectualmente aprehensibles, o al menos, definibles a partir de sus mismos elementos esenciales durante todo su periodo de vigencia. Pensamos que esto no va a pasar en adelante, que no estamos transitando hacia otro modelo definible con una serie de elementos “fijos”, y que por lo tanto, la construcción de una alternativa tendrá que tener esto en cuenta.

En este nuevo paradigma basado en la incertidumbre (política, laboral, social y personal), no será tan importante acertar en un caso dado como tener capacidad para adaptarse, levantarse tras la caída y seguir. Por eso es momento de deshacerse de toda esa retórica del cambio que ha servido para apuntalar posiciones de trinchera. Necesitaremos espacios plurales y amables de elaboración colectiva en el que esa  adaptación al cambio constante va a estar muy ligada al abandono del “oportunismo”, entendido como el uso interesado de un proceso de decisión a partir del mito de la ventana de oportunidad.

Izquierda Unida puede ser la organización que lidere los procesos de transformación social que nuestro país y nuestra región necesitan, pero tiene que situarse en este escenario de incertidumbre sabiendo que el camino es largo y el proyecto debe ser de largo plazo, a la vez que dotado de medios para el debate de contenidos. Porque el problema no será siempre de liderazgos, como parece haberse planteado a partir de la aparición de la nueva socialdemocracia. También será de proyectos y de la capacidad de los mismos a la hora de ofrecer horizontes de transformación social a partir de los problemas reales de la gente en una sociedad en cambio constante.

Los números de la derecha

El debate sobre el estado de la región. (1)

Ha pasado más de un año de la llegada al gobierno regional de Cristina Cifuentes (PP) con el apoyo de Ciudadanos. Esta semana, los días 7 y 8, se celebra el debate sobre el Estado de la Región. Parece conveniente realizar un balance de este primer año de gobierno de una legislatura marcada por la ausencia de IU en el parlamento regional y la entrada de Podemos y Ciudadanos en el juego institucional madrileño.

En primer lugar, son evidencias estadísticas que la economía regional ha estado creciendo hasta el 3,4% o que el desempleo se ha reducido, en relación al año anterior. Según la EPA 2º trimestre de 2016, en 53.200 desempleados menos, un 8,8%.

Pero ambos datos positivos,  esconden  realidades y datos muy negativas para la mayoría social de madrileños/as. El  aumento de la economía ha vuelto a situar a la Región -en términos de PIB- en 2007. Se ha perdido una década en términos económicos, pero con un agravante,  existe el mismo nivel de riqueza que hace una década, pero en esta ocasión su distribución es más desigual que nunca, como veremos.

En el caso del paro, tenemos más del doble de desempleados que entonces, del 6,67% en 2007 al 16,3% actual. Y si bien es cierto, como dicen las estadísticas, que el nivel de desempleo cae, el empleo que se crea es temporal (el 85% del creado en 2016), a tiempo parcial y con salarios y condiciones laborales en algún caso rozan la miseria, dando lugar a la  aparición de  una nueva figura laboral: la de aquellos trabajadores, que aún con empleo,  sus salarios son tan bajos que no pueden llevar unas condiciones dignas de vida. Son los llamados “trabajadores pobres”, que ya representan  más del 11% de los trabajadores madrileños.

Disponer de un empleo no garantiza unas condiciones dignas de vida si además unimos a ello  la disminución de los servicios públicos, debido a la caída del gasto público social. Tenemos una sociedad mucho más desigual y más injusta.

El deterioro de la calidad de los servicios públicos básicos y de las prestaciones sociales es una realidad sufrida por la mayoría de madrileños, durante los años de crisis, debido, sobre todo, a la “sacralización” de la austeridad, que incidió de manera muy  negativa en las políticas públicas en servicios  fundamentales y prestaciones.

Y hoy aunque se evidencia, como señalábamos al principio,  un crecimiento en las cifras macroeconómicas, influenciado de manera importante por factores externos, como aumento del turismo,  bajada del precio del petróleo, etc. Este crecimiento no le ha llegado a la mayoría.

 Según datos del  segundo trimestre de la EPA de 2016 en la región de Madrid tenemos;

  • 549.200  parados
  • De ellos más de 330.000  llevan más de un año sin empleo, por tanto se convierten en estructurales.
  • A su vez, se estima que aproximadamente unos 318.000 no disfrutan ya de prestación alguna, debido a los recortes producidos por el Estado en esta materia.

En lo que se refiere a contratos, según los datos de Ministerio de mes de agosto, sólo el 14,2% serían indefinidos, el resto temporales y de ellos el 42% inferiores a 2 semanas.

Como ya decíamos,  los servicios públicos fundamentales han sido muy dañados por las políticas realizadas por el Partido Popular. Se estima por parte de los sindicatos, que la destrucción de empleo en las distintas Consejerías o Empresas Públicas de la Comunidad de Madrid, habrían supuesto casi un descenso de más de 22.000 trabajadores (Educadores, Sanitarios, Servicios Sociales, Metro, etc.) en estas cifras se incluyen despidos, no renovación de contratos, o no cumplimiento de la tasa de reposición. La política de recuperación de servicios públicos pasa por el restablecimiento de plantillas suficientes que garanticen la calidad de los mismos.

Los principales gastos de la Comunidad de Madrid se concentran en tres pilares del Estado de Bienestar: la sanidad, la educación y los servicios sociales, los tres suponen casi 90% del gasto de la Comunidad de Madrid, los tres han sufrido recortes importantes en sus presupuestos, como veremos. Pero en todos los casos mientras se recortaba el gasto público, se incrementaba el gasto en externalizaciones y privatizaciones.

La sanidad, si comparamos lo que se gastaba antes de la crisis en el año 2008,  con lo gastado en el año 2015, vemos que el descenso es de más de 1.000 millones de euros. Que han supuesto más de 7.500 profesionales menos.

Aunque casi  todas las partidas del gasto sanitario público descendieron hubo algunas como las externalizaciones / privatizaciones sanitarias, que en este periodo crecieron más del 100%, pasando de apenas 400 millones en 2008 a más de 850 millones de euros en 2015.

Por tanto, podemos afirmar que gran parte del recorte realizado en la sanidad pública ha ido a beneficiar a la sanidad privada.

En los presupuestos de 2016 el  gobierno de Cristina Cifuentes, mejoro levemente la asignación a la sanidad pública,  con un aumento del 2,1%, la realidad es que ha continuado con esta política de privatizaciones, con un aumento del 5,8%  hasta alcanzar más de 960 millones de euros.

Los resultados nos muestran su fracaso, a finales de Julio la cifra en la  Lista de Espera Quirúrgica superaba los 75.500 paciente, es decir con tiempos de espera superiores a los 30 días.

La educación, si comparamos lo que se gastaba antes de la crisis en el año 2008,  con lo gastado en el año 2015, vemos que el descenso es de más de 700 millones de euros. Que han supuesto más de 5.300 profesionales menos.

Al igual que en la sanidad, en los presupuestos de 2016, se produjo una leve mejora del 2,7%, que ni de lejos recupera los recortes producidos desde el inicio de la crisis.

Todo este descenso del gasto educativo público ha coincidido en los años de crisis con un aumento del número de alumnos y alumnas del 6,8% y el incremento de la ratio por aula, la ampliación de la jornada lectiva del docente y otras medidas antisociales que deterioran las condiciones de trabajo del personal docente y, sobre todo, la calidad del servicio

A su vez, el dinero destinado para becas de transporte, libros, comedor, etc…Se redujo en este mismo tiempo en más del 90%.

Pero como en el caso de la sanidad, no todo han sido recortes en Educación, los conciertos con la educación privada se han mejorado y ampliado entre 2008 y 2016 incluido se han aumentado un 31% hasta alcanzar más de 975 millones de euros.

Las tasas de las  Escuelas Infantiles Públicas se incrementaban un 60% en 2012, por tanto pese a la rebaja del 20% para el próximo curso, continúan un 40% por encima de su coste de hace 4 años. Mientras que los “cheques guardería” para las privadas se incrementaban más del 20%.

En el caso de las Universidades Públicas, en el mismo 2012 “sufrieron” un recorte de 175 millones de euros, que se quisieron compensar con el incremento de las tasas (“tasazo” hasta un 65% para los grados y 100% para los Master).

Los Servicios Sociales, a diferencia de lo sucedido con la sanidad o la educación, estos gastos se han visto incrementados en un 0,95%, algo que sería lógico en un momento de crisis y de aumento de la población en riesgo de pobreza. Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 20,4% de los madrileños sería pobre 4,2 puntos más que al inicio de la crisis, y supondrían 120.000 hogares.  Por tanto totalmente insuficiente para atender las nuevas necesidades de los madrileños.

Pero al  igual que en el caso de la sanidad o la  educación hay partidas que se han reducido como la de personal el 7%  o la inversión un 70%  y otras, sin embargo, que se han incrementado como las  externalizaciones en un 12,8%. 

Por tanto, podemos observar que aunque se trata diferentes tipos de gasto, la política practicada ha tenido un común denominador, retraer gastos de lo público, para pasarlo al beneficio privado.

Por último y no menos importante, la política fiscal práctica en la última década por el Gobierno Regional y que ha tenido su continuidad con Cristina Cifuentes.

Una política basada en “rebajas fiscales”, de las cuales se benefician sobre todo una minoría –el 5% de los 3,1 millones de contribuyentes madrileños- justamente aquellos con mayores rentas y patrimonios, y por tanto, una política injusta socialmente e ineficaz para la reactivación de la actividad económica productiva y el consumo.

Estas “rebajas fiscales” han supuesto en 2014 dejar de ingresar más de 2.600 millones de euros

Por ejemplo, la eliminación del Impuesto de Patrimonio, única CCAA que no lo tiene, supone que 15.000 millonarios con una patrimonio medio de 8 millones de euros, se ahorren en impuestos más de 42.000 euros, y además supone dejar de ingresar las arcas regionales más de 600 millones de euros.

(Continuará)

Fin de la ilusión

La propuesta para la investidura de Rajoy el próximo día 30 será el momento para iniciar la etapa final de un curso político que ha puesto a prueba la fatiga de los materiales que conforman el andamiaje político-institucional de este país.

Ciclo electoral largo, muy largo, que iniciado hace ya para tres años con las elecciones europeas y que, a través de las autonómicas y municipales y dos citas generales, ha acondicionado la representación y los espacios políticos al malestar ciudadano emergido con la crisis. 

Quienes propusieron leer lo que estaba sucediendo en clave de “fin de régimen”, “segunda transición” hace tiempo que vienen modificando su discurso. Al menos los más perspicaces de entre ellos. Otros a buen seguro siguen buscando nuevos términos llamativos con los que seguir encubriendo la ausencia de entidad real de sus propuestas. La idea de que la política explica hechos y los provoca ha dejado paso en ellos a la política como productora de spots y literatura de ficción.

Las pasadas elecciones de junio ya evidenciaron que la “ventana de oportunidad” abierta en la opinión pública como consecuencia y respuesta a las políticas de ajuste y al asfixiante clima de corrupción política, tenía graves carencias de partida –la principal, una total ausencia de movilización social pese a las constantes referencias a las “plazas” y el 15M- y que los frustrantes resultados de Unidos Podemos en la mayoría de las  ciudades que apenas un año antes habían protagonizado la derrota municipal  del PP, eran (son) una advertencia  sobre la decepción y cansancio que en sectores populares se viene instalando respecto al “cambio político” entonces iniciado. La ilusión se ha agotado muy rápidamente.

En nuestra región, resulta imposible no pararse a  considerar la incapacidad que han mostrado muchas –las principales- CUP, empezando por la de la capital, para trasladar los apoyos recibidos hace un año al voto en las generales.

Las explicaciones que de todo esto estamos oyendo y leyendo en el discurso oficial de IU Madrid (informe último CPR o artículo de Mauricio Valiente en el diario de 27 de agosto) nos parecen que solo alargan la agonía de una vía ya agotada, evitando abrir una reflexión de alcance que sienten como una desautorización. Un clásico “echar la culpa al empedrado” para no asumir responsabilidad alguna.

El resultado principal del 26 J no fue (LINEAS PARA ORIENTARSE TRAS EL 26J) que la coalición no habíamos alcanzado las expectativas anunciadas, sino que se había alejado la posibilidad real de desalojar al PP del gobierno. Y eso, revertir sus políticas de agresión a los trabajadores con la construcción de una mayoría política alternativa, era el objetivo imprescindible para la izquierda transformadora.    

De frustrarse, como todo parece indicar, la investidura del próximo 30 y la segunda oportunidad 48 horas después, de nuevo volveremos a votar. La idea de un gobierno alternativo al encabezado por el PP es una línea de argumentación política legitima pero no una posibilidad cierta salvo con la complicidad de fuerzas que desnaturalizarían el sentido “alternativo” de la opción limitándola a una coalición negativa.

De volver a votar, las tendencias apuntadas el pasado 26J seguramente se profundicen ahondando la derechización del mapa institucional entonces iniciada. Muy posible que también continúe la leve recuperación del bipartidismo (50% en diciembre y 55% en junio). 

Será entonces el momento de rescatar aquella sentencia de Manolo Monereo respecto a la situación en Grecia (¿quién se acuerda ya de Grecia?) tras las elecciones que encumbraron a Txipras y Syriza después del engañoso referéndum a que sometieron a la ciudadanía: vuelta a la “normalidad”, fin de la esperanza.

En IU no podemos seguir aceptando un papel a remolque de una orientación, la de Podemos, que  ayuda a que se cumplan estas expectativas. No se trata, no proponemos romper ahora la coalición establecida,  pero si de forzar una reorientación necesaria.

No podemos seguir amparando un discurso que, según el día de la semana y la encuesta de turno, se autocalifica como más o menos de izquierda, nueva o vieja socialdemocracia. No podemos aceptar descalificar al PSOE para luego suplicarle un acuerdo. No es presentable.

Izquierda Unida debe para ello perder miedo a la rectificación de análisis que la realidad está mostrando equivocados. Y hacerlo sin alentar por ello ningún conflicto interno.

No se trata, como se afirma,  del fin de un ciclo electoral lo que ahora afrontamos, sino el inicio de la  consolidación de la hegemonía por parte de la derecha política y los sectores favorecidos por una crisis que ellos mismos provocaron, tras una etapa en que sus intereses y valores estuvieron socialmente cuestionados. 

Una nueva fase de la política en España que no está definida y en la que la izquierda que IU quiere ser debe precisar propuesta y discurso con el objetivo de garantizar los intereses, la organización independiente   y la representación política de los trabajadores.  

Nada está perdido de antemano. Unidos Podemos mantiene un importante apoyo y una representación institucional amplia. La crisis ha abierto sin duda brechas en la opinión respecto a la legitimidad de muchas cuestiones tenidas como intocables anteriormente. El deseo de poner fin al dominio de la derecha es todavía real en amplios sectores.   Todo ello impulsa las posibilidades de la izquierda si esta deja de ser protagonista única de sus propios análisis y, en el caso de IU, supera un empobrecedor hiperliderazgo que solo expresa la fragilidad actual de su proyecto político y, de paso,  nos ata a esa política concebida como espectáculo que busca reducir al ciudadano a la categoría de consumidor pasivo de mercadotecnia política.

En esa tarea de vuelta a la realidad y revitalización de Izquierda Unida, seguro que  nos encontraremos. Al menos eso esperamos.

Análisis básico del 26-J

Estas elecciones, en sus datos aritméticos, sugieren algunas conclusiones fundamentales para cuya explicación detallada tenemos necesidad de tiempo e información más completa de la que ahora, a pocas horas del cierre del escrutinio, disponemos. Seria, por ejemplo, de gran utilidad un estudio sobre el comportamiento electoral de las clases sociales.

Superar los mensajes de todos los partidos que, como en cada proceso electoral, analizan el resultado desde un prisma favorecedor de sus intereses, es imprescindible para extraer elementos útiles para interpretar –intentarlo- las corrientes de fondo que los resultados reflejan. Pero desde IU, sobre todo, lo será huir de esas conclusiones tan orientadas a la interiorización que solo reproducen, apoyadas en algún dato traído por los pelos, las posiciones previas de las partes (nada más cerrar las urnas los tuits de júbilo o, por el contrario, alarmando del “fracaso electoral”, delataban sin margen de error a sus redactores).

Concentrémonos en los elementos identificables más “pacíficos” y, al tiempo, con mayor carga política de futuro.

1. Se consolida el retroceso del bipartidismo aunque pasa del 50,73 en diciembre a 55,69 ahora, muy lejos en todo caso de ese más del 80 % a que la suma de PP y PSOE nos tenía habituados. Resultado del deterioro político institucional y desprestigio de los partidos, el juego con 4 protagonistas es uno de los elementos que la crisis ha instalado con sus vertientes de dificultad para la constitución de gobiernos e inestabilidad (tampoco ahora parece sencilla la formación de gobierno). El que esta característica se mantenga o, como en la transición, evolucione hacia un nuevo bipartidismo favorecida por la legislación electoral (circunscripciones) vendrá muy condicionado por el “cansancio” del electorado ante la incapacidad de los partidos para el acuerdo y la consiguiente falta de gobiernos estables que pueda llegar a ser sentida como negativa para su vida “real” (algo de esto puede estar ya tras el repunte del PP en estos 6 meses).

2. Ese equilibrio a cuatro se escora a la derecha. El avance de más de 4 puntos del PP compensa con creces el retroceso de Ciudadanos de menos de uno. Los 6 nuevos diputados del centro derecha ponen más cerca un gobierno del PP sobre todo porque alejan el punto de equilibrio con la izquierda (169 frente a 156 ahora, 163 frente a 161 el 20D). La derechización es uno de los resultadoslo que ya está siendo utilizado desde el PSOE y aledaños para responsabilizar a Podemos como culpable de estas segundas elecciones al no haber votado la investidura de Pedro Sánchez.

3. Pese a su retroceso en Galicia (pierde un escaño y más de 60000 votos en el único territorio en que el bipartidismo repunta) las confluencias se confirman como primera fuerza política en Euskadi y Cataluña. El desplazamiento en estos territorios de las fuerzas nacionalistas y, especialmente, de la dinámica independentista como factor asfixiantemente hegemónico en el debate público, es una de las conclusión de mayor calado de los resultados electorales de este 26J.

4. Las encuestas han vuelto a fallar. Ni la participación fue menor como se anunciaba (hasta 5 puntos respecto a la cita de diciembre) ni el voto se distribuyó como preveián. Unidos Podemos fue el gran afectado al competir con unas expectativas que confirmaban su apuesta por el sorpasso y medirse con el PP como su alternativa y que no se concretaron finalmente.
Bien. Estas serían las principales conclusiones de lo que se ha votado este 26J. ¿Cuáles son los efectos en el panorama político inmediato y en el equilibrio de los partidos?

Primero: aunque las opciones para la formación de Gobierno priman a un PP que sale reforzado y que si en diciembre era el damnificado ahora es el único que mejora en voto, escaños,… y puede dar por superada la etapa más negra de su reciente historia alegando el “perdón” del electorado tras recuperar casi 700000 votos de Cs, la tarea no parece sencilla. El apoyo de Ciudadanos no bastara (169) si funciona la coalición negativa de todos los demás. El PP se impulsa pero no se garantiza el gobierno ni una legislatura tranquila.

Segundo: el PSOE empeora sus resultados de diciembre pasado. Pierde 5 escaños y, lo peor, se complica un posible acuerdo con Ciudadanos pues ambos menguan en 13, sumando juntos menos que el PP en solitario. Si vemos su territorio electoral comprobamos como, elección tras elección, profundiza en su carácter de opción del meridiano español. Solo es hegemónico en 3 provincias. Todas andaluzas.

Aun así, la victoria del PP en Andalucía limita las opciones de Susana Díaz a la hora de exigir responsabilidades a un Pedro Sánchez que, con el menor apoyo electoral de la historia de su partido, aparece casi como un triunfador al mantenerse en segunda posición y evitar el anunciado sorpasso. Ahora sí, seguramente el PSOE renunciara a cualquier aventura de imposible mayoría de gobierno. Pese a esto podemos pensar que no colaborara en un gobierno PP. Su necesidad de poner “tierra de por medio” con Podemos será, muy posiblemente, el eje de su actuación.

Tercero: Podemos aparece como el gran, casi único, perdedor de la jornada (acompañado en el luctuoso título por la otra estrella de la emergencia que retrocede 8 escaños pese a unas encuestas que premiaban su disposición al pacto). No es tanto su resultado como el incumplimiento de unas expectativas creadas y apoyadas por un historial de éxitos que las encuestas –todas las encuestas- volvían a revalidar para este 26J.

Cuarto: no fue así y lo que todos intuíamos afloró. Creada para ganar, la “máquina de guerra electoral” de que hablo Errejón ha entrado en una etapa que evidencia diferencias de fondo. La convivencia de proyectos u orientación parece difícil de mantenerse. No es buena noticia pues, más allá de otras consideraciones, ha conseguido agrupar el voto de una ciudadanía descontenta (la misma que recorre todos los cuerpos sociales en Europa y se expresa de manera muy diferente políticamente) sobre una plataforma política indudablemente progresista y de izquierda.

La crisis interna será catalizada a partir de la valoración del acuerdo de coalición con IU. Un acuerdo que les aleja de la transversalidad famosa y les ancla en la izquierda que nunca reivindicaron (el “confuso espacio” en palabras de Monedero).

Si, además, el acuerdo ha supuesto que ceden 5 escaños a IU además de lo que pueda suponer económicamente, los motivos e intereses en el cuestionamiento de la coalición no nos pueden resultar extraños. Es la evolución interna de Podemos con el debate que parecen haber iniciado lo que, paradójicamente, puede dar por acabada la experiencia de Unidos Podemos. Consulta interna por medio, evidentemente.

Una idea final sobre este asunto: en Italia el Movimiento 5 estrellas ha superado crisis internas diversas y, como acabamos de ver, goza de muy buena salud electoral. Precipitarse en escribir el epitafio de Podemos es muy aventurero. Aquí y allí la respuesta para la reorientación de quienes han encontrado en esas fórmulas que, a veces simplificamos como “populistas”, su opción de voto depende en buena parte de la izquierda política y su configuración concreta.

¿Y nosotros (que nos queremos tanto)?

La coalición con Podemos no ha funcionado y sus resultados quedan lejos de lo que se podía esperar aun sabiendo que las sumas en política no son mecánicas. Aun así, y para evitar fugas fáciles hacia ninguna parte, resulta necesario que tengamos bien presente las posibilidades reales para IU de ir en solitario en esta convocatoria si valoramos la situación orgánica y, especialmente, la quiebra financiera. Eso sin considerar el impulso concreto electoral que pudimos analizar en diciembre y que no auguraba nada fácil sobrevivir en un escenario de polarización previsible aun con el repunte que nos auguraban las encuestas antes de la convocatoria. Esas mismas que han errado sus demás previsiones.

Desde ese punto de vista, la coalición era la opción posible. Una coalición que, por lo demás, era la formula jurídico política que nosotros habíamos defendido frente a otras (partidos instrumentales, agrupación electores) en la larga pelea interna de Madrid. Una coalición que no podía tener una fácil aceptación entre las bases de IU reacias lógicamente a compartir tarea electoral con quien hasta ayer las despreciaba públicamente.

Con todo ello, la coalición no ha funcionado. Todo parece apuntar a que el millón largo de votos extraviado ha recalado en la abstención que se ha incrementado en una cifra similar. Debemos analizar con datos y sin apriorismos esta cuestión. La cuota de esa a abstención procedente de votantes de IU o de Podemos esta por determinar. Con seriedad, sin improvisaciones al servicio de conclusiones interesadas.

Si Podemos aceptó un acuerdo con IU que hasta entonces había rechazado era por la evidencia del desgaste que ya sufría la “marca” y, especialmente, la figura de Pablo Iglesias. La campaña, con los bandazos y declaraciones contradictorias por su parte, parece haber profundizado esa tendencia y el desapego de parte de su base electoral. También aquí merece atención el efecto que haya podido tener entre sectores de su electorado el acuerdo con IU.

En IU, el deterioro, expresado en el alejamiento de sectores de la organización y la pasividad de otros, es también resultado de la cristalización del conflicto interno sin aparente salida. Solo en fecha tan reciente como la asamblea federal, la aparición de la lista y documento alternativo al oficial -IU, si; con + fuerza- esta siendo capaz de canalizar en positivo ese sentimiento difuso y extendido de desacuerdo con la orientación y prácticas de la dirección federal. Ya hemos analizado esto en otras ocasiones y sabemos de nuestra contribución en ese esfuerzo.

El fracaso no obstante para IU, para nosotros, debemos referenciarlo en términos políticos. El retroceso en las principales ciudades que hace un año protagonizaron la derrota del PP en las municipales, Madrid entre ellas, con ser una fuerte medida de ese fracaso es nada comparado con que el 26J se salda muy seguramente con la imposibilidad de desalojar al PP del gobierno. Y eso, revertir sus políticas de agresión a los trabajadores con la construcción de una mayoría política alternativa, era el objetivo de fondo de esta etapa. Esa es la medida real del fracaso de Unidos Podemos.

Posiblemente, en otros planos, el saldo sea positivo (mayor presencia institucional en ambas cámaras, ingresos financieros imprescindibles y una evidente mayor visibilidad en los medios). Ya iremos viendo, pero el principal objetivo político parece hoy más inalcanzable.

Impulsar este reconocimiento de la realidad y la necesaria autocrítica debiera ser una cuestión a plantear en los órganos de dirección regionales y federales. Debemos rellenar con nuestra propuesta las evidentes carencias que tiene la lectura oficial.

¿Qué hacemos ahora?

Si fuéramos capaces de prescindir de la clave interna como aquello que determina nuestra visión de conjunto y volviéramos nuestra curiosidad hacia fuera a la hora de buscar lo que nos une y que nos justifica como militantes políticos, no nos resultaría tan difícil concluir las tareas que la realidad pone ante nosotros.

Unidos Podemos mantiene la posición y el número de escaños de la suma (69+2) y sus más de 5 millones de votos, pese al millón perdido de la suma. Todo indica que seguirá como coalición. El retroceso y las diferencias internas en Podemos pueden jugar a favor de nuestras posiciones sobre la “orientación ” de la política de confluencia aprobada en la asamblea federal. En cualquier caso, la relación y entendimiento con Podemos debe entrar en la etapa de normalización y competencia política habitual en estas situaciones. Aunque la existencia de la coalición introduzca un elemento propio y más estrecho en esa relación, el ejemplo del PSOE y nuestra colaboración/pugna con el nos debe ser útil.

Intervenir en la realidad social desde IU nos debe llevar a considerar la lamentable situación de la movilización social. El gobierno que parece más probable, las exigencias del déficit señaladas desde Bruselas y que, a buen seguro, desembocarán en nuevas agresiones y recortes, deberán encontrarnos en la organización de esa movilización que hoy no tiene apenas papel en el escenario político español.

En el interno de IU Madrid como bien sabemos la plena incorporación aún está pendiente. Como abrir la cuestión de la ejecutiva regional una vez nuestros compañeros se incorporan a la ejecutiva federal, son tareas pendientes desde la asamblea. Debemos tomar la iniciativa una vez superadas las elecciones y hacer de la plena normalización interna una cuestión en el orden del día y no permitir su invisibilización.

La reconstrucción de IU que reclamamos y nos identifica, depende en buena medida de nuestra iniciativa sin precisar mucho más que eso.

La constitución de asambleas pendientes que reúnen las condiciones fijadas en los estatutos; el impulso al funcionamiento y trabajo externo de las ya constituidas (ahora mismo actos y encuentros para analizar el 26J con presencia de los compañeros que ya tenemos en la ejecutiva federal) o la creación de las áreas para retomar el trabajo hecho y la elaboración… Todo esto impulsaría nuestra posición y, muy importante, nos colocaría en una vía de trabajo e intervención que ayudaría a superar el estancamiento que sufrimos como IU Madrid y como espacio propio.

También en nuestra última reunión se situaba el relanzar la comunicación y trabajar un encuentro para un debate más tranquilo y de fondo sobre aspectos centrales de la realidad política (p.e. la cuestión europea).

En resumen, mucho que hacer y cómo está por medio el verano, esperemos que volvamos todos y todas con las pilas recargadas.

Por la Reconstrucción de IU en Madrid

Asamblea constituyente. 2 y 3 de abril de 2016.

1. Introducción. ¿de qué vamos a debatir?

Esta asamblea, convocada por decisión de la dirección federal, viene a solaparse en el tiempo con la XI asamblea federal por lo que, desde estas primeras líneas, consideramos necesario señalar que este documento no se propone abordar las cuestiones que se debatirán en la próxima Asamblea Federal de IU, cuyos materiales discutiremos como cualquier otra Federación. No parece útil ni significativo repetir ese debate. Solamente serán objeto de manera tangencial al abordar lo que constituye el motivo de la asamblea regional y que queremos resaltar desde el título de este documento (alternativo solo por la voluntad excluyente de los redactores del documento oficial): el análisis que revalida la necesidad de Izquierda Unida en Madrid y las tareas necesarias para su reconstrucción.

No proponemos ningún ejercicio de nostalgia pues sabemos que IU, no solo en Madrid pero desde luego aquí, tiene suficientes errores de todo tipo, contradicciones entre su práctica y el discurso y deformaciones como para proponer la mera continuidad sin más. Sin entender que todo ello está en el trasfondo de nuestra crisis no seremos capaces de trasladar a la nueva etapa lo que, a nuestro entender, es el bagaje fundamental de IU, también en Madrid: la política al servicio de la mayoría trabajadora y el esfuerzo colectivo de nuestra organización en tiempos en que el bipartidismo y su aceptación social sofocaban toda disidencia arrinconándola en los márgenes.

Izquierda Unida ha sido hasta hace muy poco la única expresión realmente existente en el “tablero” que impugnaba el estado de cosas.

Tampoco creemos que, en unos tiempos en que por lo demás la “memoria social” se reescribe en las tertulias televisivas, el disponer de un pasado de lucha contracorriente sea garantía de presente y futuro, si bien parecería que, en un proceso como este que iniciamos ahora, se debería empezar afirmando el orgullo por militar, pese todo, en IU. Nosotros así lo sentimos.

2. Antecedentes de la situación o cómo hemos llegado aquí.

Referirse al largo proceso de deterioro y finalmente fractura de IUCM no parece que tenga ahora mucho sentido o, al menos, que pueda ser abordado sin desviarnos de lo que constituye el antecedente concreto de la situación que queremos superar con la celebración de esta asamblea constituyente.

Se trata del acuerdo de “desfederación” aprobado por el CPF en junio del pasado año.

Por dicha decisión los varios miles de afiliados y afiliadas a IU en nuestra comunidad nos despertamos sin ser ya tales y sin que se nos diera más razón que la necesidad de “romper” con una dirección regional que no aplicaba las decisiones a que la dirección federal reiteradamente le conminaba. No se intentó otras fórmulas de intervención –gestora- que hubieran dejado a salvo los derechos de la afiliación. Alegando dificultades estatutarias se optó por un claro atropello colectivo.

El “éxito” de la medida (datos oficiales, tras el plazo señalado a mitad de septiembre, daban menos de un tercio de reafiliaciones) llevo a la dirección federal a primeros de octubre a irse alejando de las condiciones planteadas en su resolución de junio. Es entonces y en el desarrollo de la campaña electoral que se crean condiciones para el reencuentro de IU con buena parte de lo que siempre fue su base militante en Madrid.

La situación hoy, en el terreno de la organización y estructura de IU en Madrid, de su capacidad afiliativa y militante, tiene como mejor confesión de su pobreza, la total ausencia de estas cuestiones en el documento elaborado por quien ejerce de dirección real. Sin duda una difícil herencia de la etapa de “excepción” que hemos vivido.

No queremos situar en el primer plano si todo esto fue un grave error. Pero sí que es necesario superar esta situación. No tiene ninguna lógica apostar por la confluencia y dejar de lado a centenares de personas desvinculadas administrativamente de IU y que siguen defendiendo la política de IU.

Por tanto, una tarea inmediata de la nueva IU en la Comunidad de Madrid debe ser activar la militancia de todas las personas que lo quieran así, sin más límite o condición que lo establecido en los Estatutos y pagar la cuota.

Esta asamblea debería ser un momento clave en la superación de la fractura y el alejamiento internos. El debate político y, por tanto, la diferencia de posiciones son la identidad concreta de la pluralidad sin cuyo reconocimiento y normalización es imposible concebir democracia en el interior de ninguna organización. La lealtad solo es exigible a partir de esa normalidad de la pluralidad interna.

Los debates que tenemos por delante sin duda romperán viejos esquemas y desbordaran alineamientos de etapas anteriores. Prepararse para ellos es tarea también de esta asamblea si acertamos todos en su desarrollo.

3. El ciclo electoral como expresión concentrada de nuestra crisis.

Cuando hace ya dos años se convocaron las elecciones al Parlamento europeo, Madrid como otras ciudades y regiones de España eran el escenario de una fuerte movilización social y sectorial contra las políticas de recortes iniciadas por el ultimo Zapatero y generalizadas por los gobiernos del PP. No solo aquí, otros países europeos copaban los informativos con las protestas de sus poblaciones a la política de austeridad.

Todo indicaba que IU recogería el fruto de su travesía del desierto en el largo tiempo del ladrillazo y de su presencia en las movilizaciones en curso.

Otro factor, también de escala europea, pasaba más desapercibido en los análisis: el efecto que tenía en las estructuras de representación –partidos- el malestar ciudadano. La aparición de expresiones que desde fuera de lo que habían venido siendo los mapas electorales –o desde sus márgenes- irrumpían con fuerza, se generalizo de la mano de la crisis y muy incentivado por los cambios generacionales en curso en algunas sociedades. Como la española.

Bajo el epígrafe de “populismos” cosas muy variadas fueron haciéndose conocidas de la opinión y “normalizando” la idea de que otro panorama de representación, fruto de ese malestar, era viable. El papel, en el caso español, de algunas grandes corporaciones privadas de comunicación en esta deriva merece ser retenido en la memoria política colectiva.

En las elecciones europeas entonces, multiplicamos por tres nuestros votos y diputados. Sin embargo, comenzó un proceso de deconstrucción de la marca “Izquierda Unida” y de autocuestionamiento, que es perfectamente identificable en las hemerotecas. Como si se hubiese producido una derrota.

La emergencia de Podemos fue analizada como incompatible con el avance electoral de IU yse inició una estrategia de mimetización y, posteriormente, el lograr un acuerdo electoral con Podemos devino en la única estrategia reconocible, proyectando una imagen pública desdibujada y subalterna. Si las encuestas situaban a IU en clave ascendente hasta el verano de 2014, desde ese momento comenzamos a descender de forma vertiginosa.

Las elecciones locales y autonómicas ya evidenciaron las debilidades de esta orientación.

Hoy, cuando acabamos de celebrar una generales el 20D y todo indica que vamos a nuevas elecciones, el panorama no contiene apenas restos de las movilizaciones sociales que caracterizaron la etapa inicial de este largo ciclo electoral. El bipartidismo ha retrocedido pero estamos muy lejos de ese “ahora o nunca” con que se justificó esa orientación que solo fue rectificada al inicio de la campaña de las pasadas elecciones generales. Fue entonces cuando se recuperó –tras cuestionarla- la “marca” y con ella las referencias positivas a la historia –falseada hasta ese momento- y el trabajo –ignorado- de la afiliación de Izquierda Unida, y la política de izquierdas, volviéndose a situar el trabajo y a los trabajadores como sujeto de nuestro discurso desplazando a “la gente” utilizado hasta entonces.

En Madrid todos estos episodios tuvieron una característica propia y multiplicadora de su efecto devastador: el conflicto interno en IUCM termino por romper la dirección en el marco de las primarias entonces convocadas. El abandono de sectores y dirigentes para pasarse a Podemos y la divergencia en la configuración de listas locales y su carácter “identitario o confluyente” aboco a la fractura general y tras el fracaso de la lista autonómica se abrió la ocasión para la intervención de la dirección federal antes señalada.

Los resultados electorales del 20D en Madrid han sido malos y no podemos hacernos trampas con los datos. Nuestra segunda diputada ha salido por muy pocos votos. Cierto que la situación de la organización era muy mala, pero esto no se puede afirmar sin proponer medidas para superarla, si no se reproducirá en las próximas elecciones. Esta asamblea debe ser un impulso concreto para ello.

Sobre todo ello hay que destacar el magnífico trabajo de tantos militantes de antes y de ahora, de simpatizantes, de compañeros que han organizado de su bolsillo actos para la candidatura de IU, encabezada por Alberto Garzón. Una campaña que fue creciendo en intensidad y coherencia en Madrid, pese al papel de los medios de comunicación y la confusión cultivada durante tanto tiempo entre nuestra base electoral.

Todo esto fue así, pero el ánimo de este documento es trabajar para el futuro y por tanto, plantear la resolución de los problemas orgánicos desde la voluntad de acuerdo. El hecho es que tenemos decenas concejales y alcaldes en listas presentadas en su día como IUCM y otros tantos concejales y alcaldes, militantes de IU, pero elegidos en listas de diferentes denominaciones que, genéricamente, se presentan como de Unidad Popular.

El problema es que ese potencial de cargos públicos debe tener una orientación política y programática clara. A veces se ha dicho por algunos de ellos que carecen de programa, pero no es así. Izquierda Unida federal tiene un programa municipal razonablemente detallado. La cuestión es si se aplica y cómo.

Por tanto, consideramos que otra tarea importante es recuperar a todos los cargos públicos que son militantes de IU, si ellos no se oponen; trabajar por la reunificación de los grupos municipales, superando con medidas políticas y programáticas los enfrentamientos habidos y garantizar a todos ellos la orientación adecuada.

4. ¿Y ahora? La política de convergencia.

Un grave error de nuestro trabajo es que no supimos analizar y valorar como síntoma el 15-M. De esta forma, se ha generalizado un análisis simplista que no tiene en cuenta ni su importancia (que la tuvo) ni su ambigüedad (que también la tuvo). Existen trabajos importantes de personas muy involucradas en el 15-M que facilitan esa visión compleja y multifacética. Proponemos también que no mantengamos la queja permanente sobre lo que no hicimos y que trabajemos ese análisis, que sigue siendo necesario. Un dato, no obstante, que no podemos esconder y que obliga aún más al análisis, es que en las elecciones municipales que se celebraron prácticamente 10 días después, el PP obtuvo sus mejores resultados y la mayoría absoluta en las elecciones generales unos meses después.

En el período 2003-2014 ha habido 5 huelgas generales, que tuvieron un especial seguimiento en la Comunidad de Madrid.

Así mismo, las movilizaciones de las Mareas han tenido una especial incidencia y capacidad de movilización, seguramente por la importancia de servicios como la salud y la educación, mientras que las Marchas por la Dignidad han ido decayendo.

En todo caso, la movilización en la calle se ha ido limitando, aunque no así la lucha en las empresas que está siendo sostenida e importante. Un caso significativo es la lucha de Coca Cola en Fuenlabrada, que está llamado a tener una importante repercusión en la toma de conciencia de otros trabajadores y en su papel simbólico contra una gran multinacional. Pero antes fueron las contratas de limpieza, Madrid Río, y tantos otros.

La reconstrucción de Izquierda Unida en Madrid como sujeto soberano y autónomo políticamente, democrático en su funcionamiento, pasa necesariamente por el diseño de una política para la articulación de un bloque de fuerzas en lo social y en lo político, en la movilización y en su expresión electoral.

En Madrid hay que avanzar en el acuerdo con quienes quieran acordar, sin espejismo que sólo añaden unas pocas personas –aunque completamente respetables- . Debe hacerse desde la identidad de cada uno y el reconocimiento recíproco, con el objetivo de lograr la más amplia expresión programática del Bloque Político y Social que defendemos. Esa idea debe sustentar la imprescindible movilización social y sectorial a reimpulsar y programas para el gobierno en los distintos ámbitos, locales y autonómico, que podrían recibir el apoyo de sindicatos y organizaciones sociales y profesionales y representar una alternativa tremendamente potente.

Nos reclamamos de la experiencia unitaria que forma parte del ADN y de la tradición histórica de nuestra cultura política, (en estos días celebramos el 80 aniversario de la victoria en las urnas de los Partidos y fuerzas del Frente Popular) en la que siempre mantuvimos nuestra identidad y organización, y dicho con palabras de ahora, nuestra visibilidad.

Porque nosotros sabemos que es imposible la lucha por la hegemonía sin visibilidad política e identidad orgánica, y nuestros adversarios también.

5. ¿Y ahora? Nuestra organización.

La historia de IU en la Comunidad de Madrid ha tenido aciertos y errores. Es innegable que ha proporcionado tradicionalmente buenos resultados electorales, una proporción cargos públicos/ayuntamientos importante y una presencia notable en la movilización social. En lo negativo, podemos coincidir en que la visión del poder financiero y de las Cajas de Ahorro en particular ha sido un claro error, que la intención de aprovechar las contradicciones internas del PP y PSOE fue igualmente errónea y que hubo demasiado institucionalismo en nuestra práctica política. Como consecuencia, se desarrolló una visión clientelar de la organización (que aún hay que superar) y prácticas personales poco acordes con nuestra ética.

Pero esto no empezó en noviembre de 2014. Por tanto hay que hacer una autocrítica colectiva seria y rigurosa. No se trata de buscar responsabilidades personales, sino hechos y criterios políticos que hay que superar en nuestro trabajo. Así avanzaremos en nuestra organización y nuestra influencia política. La militancia no puede tener un relato de buenos y malos, sino un análisis riguroso y complejo.

Y, sobre todo, necesitamos concluir respecto al modelo de dirección y el conjunto de las estructuras y métodos de nuestra organización.

La etapa que ahora iniciamos nos posibilita profundizar en el protagonismo activo de la afiliación y de las asambleas de base, aligerando el entramado de dirección y adaptándolo sin menguar eficacia ni, sobre todo, su carácter representativo de la militancia. La decisión sobre elementos clave –acuerdos políticos con otros, de gobierno, compromisos electorales o formas de presentación en los mismos- debe estar en manos de los afiliados del nivel afectado (local, autonómico,…) así como otras cuestiones principales (elección de la dirección regional, programas o candidaturas…).

Pero apostamos por una organización consciente y activa. No por un archivo de direcciones mail. Por una democracia participada desde el debate de los afiliados y el papel protagonista de la asamblea de base no basada en “consultas on line” que se ha demostrado un medio no solo con escasas garantías (salvo utilización de elementos muy costosos e independientes de la organización ) sino además ajeno al debate mismo.

El uso y abuso de los medios telemáticos, además de ser limitativo por reproducir la brecha digital de una parte de la afiliación (más mayores pero también sin medios informáticos o dirección de mail propios) favorece el aislamiento y la dependencia de los medios de comunicación a la hora de conformar la opinión o una valoración.

Apostamos por una organización amplia y abierta a cuantos compartan los objetivos políticos y los criterios organizativos de que entre todos nos dotamos, no en una estructura de “activistas” autoseleccionados que terminan por extinguirse en los cambios de ciclo político cuando no en cada promoción electoral.También la izquierda tenemos experiencia de estas autodeformaciones y su recorrido.

Izquierda Unida no puede dejar de ser una organización radicalmente democrática. Ni “subalternizar” esa característica a la mal llamada y peor entendida “cohesión”, los procesos electivos internos solo merecen ser calificados de democráticos si se basan en la igualdad de oportunidades y el debate colectivo. La corriente iniciada por Podemos a favor de “listas plancha” y mítines en detrimento de sistemas proporcionales y debates asamblearios no puede tener eco entre nosotros. La democratización radical de la sociedad como estrategia de transformación social no puede tener como instrumento la mala calidad de la democracia interna en aquellos que la propugnamos.

La próxima realización de una Conferencia para la elaboración de los estatutos no solo es imprescindible, no hay colectivo sin autoorganizacion reglada de su funcionamiento, sino que debe ser la ocasión para concretar y acordar entre todos y todas estos criterios que hemos expuesto.

6. Un epilogo para el acuerdo.

Estamos en esta Asamblea Constituyente porque estamos con y por IU. Si no fuera así, esta Asamblea resultaría exótica e inútil.

La línea política y programática a desarrollar es la mantenida por IU Federal. La próxima asamblea federal nos permitirá a todos intervenir en la elaboración en marcha de esa línea para este nuevo periodo.Adaptarla y completarla a la situación madrileña debe ser materia de una asamblea regional próxima que proponemos aquí acordemos realizar en el plazo máximo de 6 meses tras lafederal.

Fuimos la única fuerza política y social que calificó la crisis como una crisis sistémica del capitalismo (frente a quienes la reducían a una mera crisis financiera) y eso nos permitió una estrategia alternativa en la propuesta y en la movilización. En Madrid, Izquierda Unida ha estado en todas las movilizaciones, de una forma o de otra.

Izquierda Unida en Madrid debe continuar desarrollando su práctica política sobre la base de que la contradicción capital/trabajo (que se reconoce entre los que compran la fuerza de trabajo y quienes se ven obligados a venderla para poder vivir) determina e impregna el resto de las contradicciones.

Entendemos que hay que salvaguardar y garantizar la pluralidad interna de la nueva IU de Madrid. Son necesarios mecanismos efectivos para gestionar de forma políticamente constructiva esa pluralidad y el debate interno.

Es necesario reforzar el carácter realmente participativo de la militancia en todas nuestras decisiones y también en nuestras prácticas y trabajo. El debate informado y las decisiones compartidas son garantía de ello. Las cuestiones fundamentales deben ser ratificadas por todos y todas. La garantía y proporcionalidad de los procesos internos imprescindibles.

Nuestro objetivo central es reforzar en la Comunidad de Madrid el componente de movilización social, considerando que el lugar preferente de nuestro trabajo está en la lucha social y en las organizaciones sindicales y sociales.

Para la movilización y para la intervención política general y electoral debemos impulsar espacios de unidad y confluencia basados en el reconocimiento de quienes los compongan y el acuerdo programático.

Es evidente todo lo anterior no es compartido por ninguna otra fuerza política o social con entidad en Madrid. No hay ninguna que se exprese en esos términos y cuya práctica política se corresponda con ellos. Eso configura un amplio espacio propio de Izquierda Unida, que debemos ocupar sin complejos ni derivas estratégicas equívocas.