¡Un respeto a IU, por favor!

En vísperas de la última reunión de la Coordinadora Federal de Izquierda Unida, celebrada el sábado 14 de enero, la dirección se vio obligada a eliminar del orden del día una resolución que tenía ya ultimada “sobre la guerra de Siria”. El texto fue retirado a hurtadillas ante las múltiples reacciones contrarias –¡hasta de la propia dirigencia del PCE!-, pues se trataba de una propuesta simplista, sin rigor e incluso evidenciando un grave desconocimiento de la realidad (el Gobierno sirio no es “laico” – como decía el texto de la resolución- sino aconfesional, e ignorando el carácter multiconfesional de la sociedad siria, algo clave para entender la crisis abierta en ese país. Pero, sobre todo, marcaba una equidistancia en cuanto a la intervención extranjera que no sólo era errónea, por ignorar el grado de implicación de unas potencias y otras, sino que además situaba en un mismo lugar los apoyos a un gobierno legítimo con los que sustentan a organizaciones terroristas. En definitiva, aquella resolución era un desvarío que sepultaba la nítida política antiimperialista de IU y su histórico posicionamiento anti OTAN.

Este error, que es de bulto, no es algo excepcional en la actual IU. Y es precisamente por ese carácter de normalidad con el que se vienen produciendo situaciones que podrían considerarse anómalas en IU por lo que es necesario advertir de ello. Cuando una o varias personas están al frente de una organización, el nivel de exigencia aumenta exponencialmente. No sólo porque actúan como imagen, como proyección pública de esa formación, sino porque ostentan la representación de miles de

militantes y simpatizantes con unas raíces muy fuertes y profundas. La flexibilidad por razones coyunturales, incluso en lo orgánico o en la política de alianzas, puede ser discutible, pero también necesaria. No obstante las ideas que sostienen y alimentan esa organización no pueden admitir esos cambios ni negociaciones al albur de si los vientos soplan en una dirección u otra, a no ser que nuestros principios sean aquellos de los que hablaba Marx… Groucho.

En IU, al menos que sepamos, siempre ha habido una serie de ideas y valores profundamente compartidos por todos sus militantes, simpatizantes y, creemos, también por sus “votantes de a pie”. Nos referimos a valores relacionados con el antiimperialismo, el NO a la OTAN que estuvo en el alumbramiento de IU, el republicanismo, la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres -por el aborto también, por supuesto-, la Memoria Histórica, la defensa del medio ambiente y varias más. Al margen de las políticas y debates que toque mantener en cada momento por razones de actualidad política – no somos tan ingenuos como para demandar que se hable de todo esto a cada momento, por si acaso alguien está tentado de pensarlo-, estas son algunas de las raíces que siempre nos han sujetado a ese árbol común que es IU y al que todos hemos contribuido en su nacimiento y desarrollo.

Viene a cuento este recordatorio al hilo de la intervención en el encuentro “Espacios del cambio” – una reflexión pública sobre el estado y el futuro de las confluencias- de la persona que dirige y que siempre suele proyectar la imagen de Izquierda Unida en cada momento, su actual coordinador federal. En varios momentos llega a afirmar que “es una virtud la incapacidad que tiene el votante de a pie de diferenciar entre los discursos” de

Podemos, IU y las confluencias, o que “hay gente que ya no sabe si yo soy de IU o de Podemos y eso no es un perjuicio, es una buena noticia”.

De entrada, siempre es deseable que un dirigente político tenga claros los principios de precaución, responsabilidad y respeto ante lo que significa su propia figura. De lo contrario las cosas se mezclan y confunden hasta deformar la imagen de lo que se dice querer representar. Estas confusiones suelen terminar siempre en ese lugar donde se mezclan lo público y lo privado, el discurso comúnmente acordado y las ocurrencias de coyuntura. Estas cosas, cuando ocurren, dejan entrever distanciamiento del sentir de la organización, cuando no de un sostenimiento caprichoso.

No, no es bueno que haya gente que no sepa si nuestro coordinador federal es de IU o de Podemos, porque eso supone que algo no estamos haciendo bien, que nuestro perfil y nuestro programa se ha desdibujado y pueden percibirnos como un mismo proyecto cuando no los somos. ¿Tiene claro Podemos el discurso republicano que de forma tan inconfundible defiende IU? ¿Tiene claro Podemos que la OTAN es el brazo armado del capitalismo y que, por tanto, un discurso anticapitalista es incompatible con el belicismo de sometimiento, criminal y saqueador, de la organización atlantista? ¿Cuándo una importante dirigente de Podemos dice que “el aborto no es un tema que construya potencia política y de transformación, por lo tanto, no es prioritario”, está trasladándonos su particular pensamiento o haciéndonos partícipes de una posición elaborada entre muchos y muchas? ¿Cuándo Podemos coincide con Ciudadanos en proponer legalizar la prostitución, hemos de asumir también desde IU que uno de los ejes centrales de la nueva política consiste en esclavizar a las mujeres? ¿También

hemos de compartir desde IU que se esté trabajando para hacer desaparecer cualquier proyecto que se vincule de forma determinante a los objetivos de la clase obrera? ¿O que, en lo concreto, dejen de ser prioritarias hasta difuminarse las políticas de creación de empleo, digno y de calidad?

Valorar como una buena noticia el hecho de que haya “gente que ya no sabe si yo soy de IU o de Podemos”, sitúa en un más que dudoso papel a la propia dignidad del proyecto autónomo de IU, trastoca severamente su línea política y mete en una vía muerta su viabilidad como organización. ¡Si no es esto lo que se pretende, al menos eso es lo que parece!, por lo que alguien debiera dar las oportunas explicaciones a la militancia de IU, ¡a la sufriente y heroica militancia de IU!, a la que tanto deben sus dirigentes y a la que, últimamente, tanto se olvida o incluso se desprecia.