Neruda y el Winnipeg, el barco de la esperanza

Inauguración de una placa memorial en el puerto fluvial del río Garona

Neruda y el Winnipeg,  el barco de la esperanza

José Manuel Fernández

(Burdeos, 15 de abril de 2017)

En coincidencia con el día de la República española, la región de Aquitania vivió una semana de actividades en recuerdo de los 2.365 refugiados españoles que zarparon el 4 de agosto de 1939 con destino a Chile a bordo del carguero francés Winnipeg, fletado por el SERE y tutelado por Pablo Neruda en su calidad de Cónsul especial de Chile en París.

El epicentro de la celebración se situó en la ciudad de Pauillac y en Trompeloup, puerto fluvial del río Garona que registró las llegadas y salidas de un total de 85.059 refugiados españoles entre 1937 y 1939. Los primeros en llegar fueron los “niños de la guerra” asturianos, santanderinos y vascos. Y el último barco que partió fue el Winnipeg, con la Segunda Guerra Mundial en los talones.

El acto central consistió en la inauguración de un monumento de homenaje a Pablo Neruda y a los viajeros del Winnipeg en el muelle de Pauillac, frente al Ayuntamiento y a escasos metros del monumento a Lafayette, ilustre francés que partió de este puerto en 1777 para contribuir a la independencia de EE.UU.

La placa memorial, obra del escultor bordelés Régis Pedros, hijo de refugiados españoles, consiste en una panorámica del Winnipeg, la efigie de Neruda y un texto del poeta:

Todos fueron entrando al barco.
Mi poesía en su lucha había
logrado encontrarles patria.
Y me sentía orgulloso.

Yo sentía en los dedos las semillas de España,
que rescaté yo mismo y esparcí sobre el mar,
dirigidas a la paz de las praderas.

La idea partió de una iniciativa parlamentaria presentada en 2010 por Gaspar Llamazares en el Congreso de los Diputados. Cuatro asociaciones españolas y chilenas radicadas en Madrid (Memoria en Acción, Violeta Parra, Winnipeg y Derechos Humanos Francisco Aedo) se pusieron en contacto con la asociación Francia-Chile Aquitania y una delegación viajaró en 2015 a Pauillac, donde obtuvo el apoyo entusiasta del alcalde Florent Fatin Escudero, hijo también de madre española.

La inauguración fue un acto muy concurrido. Varios cientos de personas vinieron de toda la Gironda y de España, uniéndose a los vecinos de Pauillac. Carmen Negrín, nieta de Juan Negrín –presidente del gobierno republicano y del Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles (SERE)- pronunció un emotivo discurso junto a los representantes de la Embajada de Chile y del Ayuntamiento de la ciudad, seguido de la lectura de algunos poemas de Neruda relacionados con el Winnipeg, y en presencia de diputados y alcaldes franceses de la comarca, con las banderas entrelazadas de Francia, Chile y la tricolor republicana.

Durante la semana los organizadores pronunciaron sendas conferencias en los tres institutos de la ciudad, con asistencia total de unos 400 alumnos y profesores de español, que comentaron el documental de Dominique Gautier y Jean Ortiz “Winnipeg, el barco de la esperanza”. También se inauguró una exposición en la mediateca de Pauillac y se celebró una fiesta hispano-chilena en la Casa del Turismo y del Vino, siendo esta región del Médoc la más conocida entre las productoras de los famosos vinos de Burdeos.

 

Miembros de las asociaciones promotoras, junto a Carmen Negrín

En 1939 Pablo Neruda recibió en París una carta de Rafael Alberti y de su compañera Delia del Carril relatando las desventuras de los refugiados republicanos en Francia. El poeta convenció al presidente de Chile, Pedro Aguirre, de que aceptara recibir a 2.000 refugiados españoles. En estrecho contacto con Juan Negrín, Neruda se instaló en un despacho del puerto y participó en la selección de los viajeros. Desde la orilla de una Europa que veía acercarse la Segunda Guerra Mundial, y a pocos meses de la ocupación nazi de Francia, el poeta agitó el pañuelo de la despedida, consciente de que ese viejo barco, propiedad de la Compagnie France Navigation (propiedad de la central sindical CGT), sería el último que zarpara hacia la libertad, cargado de ancianos, mujeres y niños. A bordo se organizaron dos hospitales atendidos por enfermeras y médicos franceses, se publicó una revista, se creó un coro vasco y se dieron conferencias durante la travesía.

El 3 de septiembre de 1939 el Winnipeg arribó a Valparaíso, donde les esperaba el joven Salvador Allende, ministro de Sanidad del gobierno del Frente Popular. Hoy día más de 20.000 descendientes de los refugiados del Winnipeg viven en Chile, en Francia y en España.

En 1942, el Winnipeg fue torpedeado por el submarino alemán U-433 y desapareció en las aguas del Atlántico. Pero en la memoria de españoles y chilenos sigue navegando como el inmortal Barco de la Esperanza.

La teniente de alcalde de Pauillac, Coraline Abdiche; el Cónsul de Chile y Carmen Negrín, en el acto inaugural de la placa 

Conferencia en el Colegio Pierre Belleyme

La placa en honor de Pablo Neruda y los refugiados del Winnipeg

El Winnipeg en 1939

La oficina de Pablo Neruda en el puerto de Pauillac-Trompeloup

Niños a bordo del Winnipeg

 

 

El Ayuntamiento de Pauillac

UNA SEMANA PARA LA REFLEXIÓN.  

Esta primera semana de abril ha comprimido aniversarios motivadores de reflexión (40 de la legalización del PCE) o balance (un año de la constitución de IU Madrid) con momentos de importancia como el congreso de las CCOO madrileñas. Cosas significativas para las gentes de la izquierda.

Todo, eso sí, enmarcado en una etapa caracterizada por la recomposición, no sin resistencia, de la hegemonía política de la derecha neoliberal. El acuerdo parlamentario sobre los presupuestos del Rajoy es una buena muestra de ello  tanto por el arco de fuerzas implicadas (PP, Ciudadanos y nacionalistas vascos y canarios) como por la incapacidad de la izquierda para oponer un frente común en las instituciones activador de la respuesta social. Se va así imponiendo una “normalidad” que  poco tiene ya que ver con la etapa de la “ilusión por el cambio” y “fin del régimen”.

Recuperar la iniciativa no será fácil ni inmediato pero existen razones     -una realidad social más consciente de su propia precariedad-    y bases materiales para lograrlo –una izquierda con la presencia institucional más numerosa en mucho tiempo, empotrada en un sistema sin un consenso social suficientemente asentado tras la crisis- si esas izquierdas superan su actual momento de recomposición  (temperatura y sensación térmica)  y abandonan su ensimismamiento para priorizar los intereses de la mayoría trabajadora por encima de los de sus dirigentes y aparatos.

No encontramos demasiados motivos para el optimismo: la constitución del “nuevo sujeto” en Cataluña ha estado más protagonizada por los “quienes” que por los contenidos. El dilema del PSOE se prolongara hasta su congreso de junio si bien el resultado de sus primarias ya evidenciara una orientación hacia un PSOE instalado en recuperar su papel de “izquierda oficial” u otro más dispuesto a ser parte de una alternativa necesariamente plural.

El aniversario 40 de la legalización del PCE ha tenido un cierto aire de carnaval adelantado. Medios y comentaristas de la derecha celebrando aquello para echar en falta hoy, en los herederos, la “sensatez” de aquel partido y, de paso, atribuir el mérito de su legalización a Suarez y el Rey, apuntalando así una lectura de la transición que expulsa el protagonismo de la izquierda clandestina y la movilización de buena parte de la población. Enfrente, pero para nada opuestos, aquellos dirigentes del actual PCE empeñados en encontrar el hilo que les conduzca allí donde realmente quieren estar –Podemos- saltándose el sentido y la historia de aquel momento para hacer contorsionismo político intentado acaparar los réditos sin contaminarse de “carrillismo”.  Regresando al pasado con su “Delorean” para ponerlo en coherencia con sus ambiciones de hoy.

Aquel Partido, de influencia de masas y organización capilar, de rigor político, de errores grandes pero aportación incuestionable, no podemos encontrarlo reflejado en un PCM cuya intervención en el reciente congreso de CCOO de Madrid ha estado despojada de principio alguno, solo a la búsqueda de poder instalar a su responsable (ni siquiera delegado sindical en su empresa) en la ejecutiva sindical. De tener a COBAS como ejemplo de sindicalismo y no perder ocasión para descalificar como “parte del régimen” al sindicalismo de clase, especialmente CCOO, a intentar imponer su acuerdo cupular (nunca mejor dicho dada la implicación de su secretario general) a los delegados congresuales miembros del Partido resolución mediante (aprobada 12 horas antes de la apertura del congreso).

Los fracasos políticos de la actual dirección del PCM, desde la fenecida Unidad Popular  hasta el espacio “desde la base” con que intentaron inicialmente intervenir en el proceso de CCOO; su resistencia  a reconocer el fiasco de la mayoría de las CUPs o su gestión autoritaria en el interno del partido, no pueden dejar de ser negativamente valorados en un año en el que también el PCM deberá celebrar su congreso.  

 Quienes en abril de 2016 nos presentamos en la asamblea de constitución de IU Madrid sin haber compartido en ningún modo el proceso abierto tras la desfederacion de IUCM en junio de un año antes, iniciábamos entonces un difícil recorrido para la RECONSTRUCCION de Izquierda Unida en la comunidad de Madrid. Nada facilitaba nuestra participación.

Tampoco, con la perspectiva que da el año trascurrido, nosotros mismos dimensionábamos correctamente la dificultad de lo que nos proponíamos. Nuestro principal error era no terminar de ser coherentes con el análisis, que si hacíamos, del nuevo marco interno de IU ni de los cambios que se habían producido en la izquierda. Desde las europeas a entonces no habían cambiado las reglas del juego sino que el juego ya no parecía el mismo.

Un año después, el proceso que iniciamos entonces avanza (mayor presencia en  asambleas de base, incorporación de compañeros, protagonismo en el debate interno en los órganos y en la conferencia de estatutos o acuerdo para la actual ejecutiva regional) sin superar nítidamente el principal obstáculo que desde el principio encontramos: el cansancio y escepticismo de tantos  tras años de fractura interna y confrontación y la dificultad de la orientación política en esta fase de recomposición de la izquierda. Es tiempo de incertidumbre y, por ello, de apego a lo conocido aunque se sepa que por ahí no hay salida.

En dos años se celebraran elecciones locales y autonómicas. Para entonces antes resulta necesario (no para nosotros sino para que la izquierda no PSOE o Podemos tenga realidad en Madrid) que  hayamos logrado superar esa inercia y alcanzado la reincorporación de tantos compañeros y asambleas que todavía no lo han hecho y que, de no hacerlo, se despertaran formando parte de operaciones electorales localistas para nada emparentadas con la unidad de la izquierda transformadora que se reclama.

La ceguera política  de la mayoría de la dirección de IU Madrid contribuye a ello mediante la ausencia de empatía con todo lo que no son los restos de aquel 49 y su probada incapacidad para resituarse en una realidad que viene negando sus premisas políticas. Ni la confluencia será como han dicho en sus documentos e informes, ni a la cita electoral llegara apenas alguna CUP entera, ni el “tiempo de la ilusión” se prolongara para ellos.

Como desde el principio hace un año, avanzaremos si conectamos con tantos cuadros y afiliados que van entendiendo que la cuestión de fondo no es menos confluencia sino más y mejor IU. 

Madrid, 9 de abril de 2017

   

Temperatura y sensación térmica.

Recientemente, Mundo Obrero informaba de una reunión de cuadros del PCE en la que la dirección trasladó la necesidad de transitar desde una orientación de “asalto”, vigente hasta ese momento, a otra de “asedio”. Se pasaba así de la inminencia de la “batalla final” contra los adversarios –sin duda, el régimen del 78 y sus servidores– a oficializar que la cosa –el fin de ese régimen– se iba a prolongar en el tiempo. Era una forma de empezar a digerir los resultados electorales de junio y el mapa político resultante, una forma de seguir retrasando el análisis honesto de una realidad que se obstina en desmentir la estrategia seguida en los últimos años.

Resulta curiosa la generalización entre los dirigentes de la “nueva política” del uso de terminología militar para referirse al momento político. Así, parte de la dirección del PCE remeda –también en esto– a Pablo Iglesias o Íñigo Errejón cuando hablan del paso de una “guerra relámpago” a una “de posiciones” para caracterizar la nueva etapa de Podemos. Por seguir el juego, señalaríamos a la dirección del PCE las muchas ocasiones –recogidas por la historia militar– en que un asedio ha finalizado con el cerco de los sitiadores. Pero la terminología militar, para su tranquilidad, sigue ofreciendo “salidas” en esa situación apurada: podrán comunicar a los cuadros comunistas la necesidad de una “retirada estratégica”. Esperemos que todo esto no acabe en simple desbandada. Indicios de ello hay.

Pero lo sustancial es cómo se ha podido mantener que se podía asaltar el poder y forzar una ruptura sin definir en qué consistía más allá de los objetivos que se pretenden, sin movilización social desde hace años y sin organización digna de tal nombre; cómo se ha podido presentar como real un proceso constituyente que nadie ve en el horizonte ni reúne el acuerdo social mayoritario imprescindible para su logro; y cómo todo esto ha podido ser así durante años e incluso aún hoy (ver informe al Comité Federal en MO de este mes de noviembre).

Hablar ahora, como vienen haciendo, de vuelta a la calle, de movilización social y de conflicto es el reconocimiento del fracaso de la línea seguida hasta aquí, de que nada de esto se hizo porque todo se fió al impulso electoral. Al impulso electoral de otros, para más señas.

Esa política voluntarista –que habla de Pepe Díaz pero tiene su mejor precedente en el “abajo la república burguesa, vivan los soviets” con que Bullejos recibió la II República– sólo se puede explicar por el mismo fenómeno por el que confundimos temperatura real, dato medible y objetivo, con sensación térmica, que es la reacción de un individuo concreto al estímulo de la temperatura, un elemento subjetivo.

Todo un sector de la izquierda de este país ha recorrido los últimos años bajo una sensación térmica que sólo ella sentía. Sin atender a la auténtica temperatura de la sociedad. Nunca estuvieron los intereses dominantes –y el orden que los garantiza– seriamente amenazados, pero la virulencia de la crisis del capitalismo y su versión española favorecieron un clima de deslegitimación que agrietaba el consenso social que necesita toda hegemonía. Algunos vieron entonces el “fin del régimen”.

Tras el ciclo electoral que parece finalizado, resulta evidente que el “momento político” ha cambiado. De un cuestionamiento social de los intereses y valores de la derecha política y los sectores inmunes a la crisis, hemos pasado a la consolidación de su hegemonía. Y la ausencia de alternativa creíble ha impulsado esa reconstrucción. Las operaciones mediáticas y políticas que hemos visto –y estamos viendo– para dificultar esa alternativa –sólo posible a partir de los materiales políticos y organizativos existentes– adquieren así sentido más allá del reality show al que pretenden habituarnos. La incapacidad y el oportunismo de los afectados favorecen el éxito de la operación. El deterioro inducido de IU ha jugado un papel en todo esto.

La recomposición en marcha de la izquierda –reequilibrio electoral y debates existenciales en todos sus componentes– puede desembocar en una crisis sin salida del PSOE y en un proceso –la confluencia de IU y Podemos– que solamente sirva para resolver equilibrios internos y aclarar los liderazgos orgánicos. De nuevo, entonces, se priorizará la “sensación” de los aparatos y dirigentes sobre las tareas útiles –políticas y organizativas– para la mayoría social. La preponderancia institucional y política de la derecha estará así garantizada para mucho tiempo.

¿Qué hacer en esta nueva fase política? Primero, desde luego, reconocer lo que tiene de novedoso. Si a los datos de la realidad española que hemos caracterizado añadimos los de la escena internacional, si al imposible “brexit” sumamos la elección de Trump, vemos cómo la cortina de incertidumbre va dejando a la vista un paisaje necesitado de nuevas coordenadas para orientarse. Las próximas elecciones francesas pueden significar un salto en el proceso de deconstrucción europea y un cambio de calado en la agenda política continental, y no precisamente en una orientación de progreso. Nada de todo esto estaba en nuestros debates sino como lejana posibilidad. Ahora son esas las tendencias de fondo.

La hoja de ruta que IU aprobó en su XI Asamblea Federal se ha demostrado hueca, caduca y carente de fundamento a los pocos meses de su aprobación. Seguir ensimismados en ella, como parece estar la dirección de IU, es mantener a la militancia y cuadros de IU en un debate falseado de inicio: la cuestión no es si la confluencia alumbra un “nuevo sujeto” sino si los trabajadores sienten que ese “nuevo sujeto” sirve para algo más que la supervivencia política de las elites de IU, Podemos o Equo; si con ello se va a resolver algo que hasta ahora no se ha resuelto –la hegemonía de la derecha– o si sólo es otro atajo a ninguna parte como fue la UP, fallecida y sin sepultar oficialmente; si va a sumar reconociendo pluralidades o sólo es la cobertura para un nuevo empobrecimiento de la izquierda sobre el que asentar liderazgos personalistas.

Esta nueva fase de la política en España no está sino apenas esbozada, y la izquierda que IU debe ser necesita precisar análisis, propuesta y discurso con los que garantizar los intereses, la organización independiente y la representación política de los trabajadores. Sólo así se superará la dicotomía en que parecemos atascados –mantenimiento/liquidación– y se enriquecerán desde la identidad propia los procesos de suma que nadie cuestiona. Para ello, cuanto antes se acepten las limitaciones de la actual orientación federal mejor. Antes de que el “sálvese quien puede” sea algo más que otro término a utilizar en reuniones de desorientados cuadros.

25-S. Meta volante galaico-vasca hacia las elecciones generales.

     El papel de las elecciones en Galicia y Euskadi para desatascar el embrollo fijado por las generales del pasado junio había sido avalado por todos los medios…….hasta los días previos al 25S en que se sustituyó, en la mayoría de esos mismos medios,  por el convencimiento  de que apenas iban a tener resonancia en el marco estatal más allá de incentivar el drama doméstico en el PSOE. Un drama interno que apunta más al intento de  sustitución en la secretaria general, capitaneado por los barones e impulsado por el fracaso electoral, que a un complicado cambio en la posición socialista ante la investidura de Rajoy.  

    Las encuestas, las declaraciones de partidos y candidatos, pudieran ser  la causa de ese cambio en el análisis periodístico o, sencillamente, el convencimiento de que era mucho esperar que las combinaciones de resultados posibles en ambos territorios tuvieran capacidad para modificar la estrategia que parece firmemente asentada en los actores políticos principales y que conduce a una nueva convocatoria de elecciones generales el próximo diciembre.

   Pero los resultados de este domingo si proyectan algunas conclusiones de interés y carácter general. A falta de ahondar los análisis en los próximos días podemos avanzar algunas especialmente relevantes.

   En las dos  autonomías vencen con holgura los detentadores actuales  del gobierno. Un signo de estabilidad exótico en la actual fase política de castigo a los gobiernos, y, en ambos casos, se trata de victorias de la derecha política. El caso gallego, la mayoría absoluta del PP, es especialmente revelador y, aunque intrasladable en su dimensión  a otros pagos, impulsa la tendencia que pudimos ya ver el pasado 26J de recuperación electoral del partido de los recortes y la corrupción. Es combustible para unas terceras elecciones generales. 

    Para quienes insisten en que la característica del momento político es la “crisis del régimen” esto debería ser motivo de reflexión. La única manera de evitarse esa reflexión es, como acaba de suceder en la reunión de la dirección de IU, no abordar debate político alguno y encerrarse en cuestiones “metodológicas” e internas.

   Otro elemento común a ambos procesos electorales es el papel de la abstención (importante en Euskadi y en los principales núcleos urbanos gallegos).

    Aun tratándose de elecciones con un marcado acento propio, el cansancio con el largo ciclo electoral y la situación de bloqueo nacional se ha traducido en un incremento de la abstención. Y aunque no podamos ahora valorar su peso en los resultados finales de cada candidatura (en el caso gallego parece claro el castigo que ha supuesto para la izquierda), parece evidente concluir que el interés por la política, que ha sido una característica surgida con las luchas anti recortes y el 15M, se evapora en amplios sectores sociales. Como decíamos hace poco, a la desaparición de la movilización social le está siguiendo el reflujo del “voto indignado”. 

   El eje nuevo/viejo parece incapaz de jugar ya el papel principal que ocupo en el imaginario de buena parte del electorado, fundamentalmente joven, y la preocupación social por la corrupción política es un factor amortiguado en buena medida tras años de ocupar el papel estelar. El eclipse parcial de ambas motivaciones de voto no ha sido sustituido por una agenda social potente que impulsase el voto de la izquierda.  De todo ello solo se benefician las opciones y las políticas de la derecha.

   No se trata de malos resultados objetivamente pero el sorpaso en votos gallego sabe a poco como también un resultado en Euskadi que no alcanza las expectativas de situarse en segunda posición. La polémica publica entre Iglesias y Errejon puede haber jugado en esto pero, tras lo sucedido el 26J, debemos entender que tiene más que ver con el retroceso del voto indignado y la politización que fueron su impulso inicial. Así, la idea de confluencia, más que un proceso de suma de fuerzas puede ir adoptando un acento meramente defensivo ante el cambio de ciclo electoral. Algo de eso ya funciona en la base del acuerdo con IU. Si añadimos la confusión ideológica y estratégica, la situación no puede sino justificar la opinión crítica que venimos manifestando desde “IU si, con más fuerza” ante la concreción de la política de confluencia.

   Es necesario  que Izquierda Unida, sin sectarismo, exprese política y orgánicamente una idea de izquierda anclada en el mundo del trabajo y orientada a los trabajadores. En buena medida lo que viene sucediendo en los últimos años es un debate sobre el contenido y la forma de la izquierda, sobre su recomposición en estos tiempos de crisis e incertidumbre.

   Acabar con la cuestión con la que empezábamos: la influencia de este 25S en el bloqueo institucional. Quienes esperaban que de estos resultados pudieran salir apoyos que le faltaron a Rajoy en su último intento de investidura, ya pueden ver que el PP es innecesario para configurar mayoría alguna en Euskadi. Ello por si no bastaran las prístinas declaraciones de los dirigentes del PNV en el sentido de mantener en todo caso el no a Rajoy.

   En cuanto al PSOE, no será fácil que este partido acepte su nuevo papel tan  lejos del que solía. Podemos se ha consolidado territorialmente a su costa y rectificar esa situación es tarea no sencilla. El comité federal del sábado próximo podrá ser la ocasión para el cuestionamiento de un  Pedro Sanchez que resiste, bajo el intenso fuego de los medios, especialmente los afines, la presión para facilitar una gran coalición con el PP, pero lo que parece todavía muy difícil es que pueda aprobar otra orientación de voto ante una investidura de Rajoy. El recurso al voto de los militantes es la bala en la recamara del actual equipo de dirección.

   Quedaría lo que es la propuesta  de IU y de Unidos Podemos y que compartimos: el gobierno alternativo. El comité federal del PSOE se encargara de inhabilitar esa posibilidad por la vía de revalidar su veto a un acuerdo con los nacionalistas y pese a que el mal resultado recogido por Ciudadanos este domingo, que evidencia los límites y la fragilidad  de su proyecto, profundizaría su escaso interés en que se repitan las elecciones, no parece sensato esperar que ello sea suficiente para modificar su postura y facilitar un gobierno de la izquierda en cualesquiera de sus posibles fórmulas (coalición o apoyo parlamentario). Sencillamente, Ciudadanos tiene como motivo de su existencia evitar esa posibilidad de una salida por la izquierda a la crisis económica y política de España. 

   Otras opciones (apoyo a la investidura y gobierno en solitario del PSOE y búsqueda de apoyos parlamentarios para cada proyecto, o con Ciudadanos y apoyo exterior de Unidos Podemos) tienen un alcance muy escaso –la redacción de los presupuestos antes de diciembre- y una base segura de inestabilidad que solo impulsaría las perspectivas de la derecha.

    Así las cosas tras este 25S, parece necesario impulsar una reflexión en IU sobre la etapa política en que estamos y, muy especialmente por su más que posible realidad, sobre la fórmula y presencia en unas terceras elecciones. Hacerlo con tiempo y sin apriorismos, con el objetivo de incorporar en esa reflexión a toda la organización y sus cuadros. Y hacerlo superando (esto si merece la pena que la dirección lo superara) la tentación de acordar por fuera antes de escuchar dentro. 

Madrid, 26 de septiembre de 2016.

             

   

    

                

La incertidumbre como paradigma

Avanzamos de manera inevitable hacia un modelo social distinto al que tenemos. Esto lo hemos intuido desde el principio de la crisis en las organizaciones de izquierdas, y enseguida concluimos de manera acertada que los cambios introducidos con la excusa de la crisis tenían vocación de permanencia. Acertamos al considerar que el objetivo del neoliberalismo era aprovechar el desconcierto que provoca la incertidumbre para acelerar su hoja de ruta. Nada era coyuntural. Si ganaban la batalla el mundo sería otro.

Pero si bien todo lo anterior es cierto (y se ha escrito mucho sobre ello), hoy conviene que acertemos en otro análisis fundamental para el futuro: si otras crisis se han caracterizado por ser periodos de transición entre dos “certezas”, en el caso actual parecería que la incertidumbre fuera otro de esos elementos que han venido para quedarse, y no sólo por el elevado grado de precariedad que la gestión neoliberal de la crisis ha introducido en todos los órdenes de la política. Incluso ganando la pelea veremos un mundo en el que el cambio va a ser continuo como consecuencia del avance ya no lineal sino exponencial de la tecnología, de los retos de la digitalización de la economía o del cambio climático, por ejemplo. Lo variable va a ser una constante del nuevo modelo social, y eso modifica radicalmente el contenido del debate político y el mismo significado de la tan manoseada palabra “cambio”.

Porque si la incertidumbre es consecuencia del paréntesis de la crisis, a la izquierda le basta con oponer a las certezas del enemigo las certezas propias, y tratar de que la salida de este periodo transitorio incluya la mayor cantidad posible de las mismas (preferiblemente todas). Bajo esta tesis podría llegar a tener sentido la proclama a la ventana de oportunidad de la nueva socialdemocracia. Se trataría de una guerra total que configurará un tiempo nuevo que, como los anteriores, tendrá su vigencia hasta la siguiente crisis del capitalismo. Pero, ¿y si este periodo de incertidumbre es ya el nuevo modelo? ¿Y si no hay ventana porque no estamos en una transición entre certezas? En este caso no se trataría tanto de oponer a unas certezas viejas (la vieja política) unas nuevas (nueva política), sino de capacitarse para lidiar políticamente con la incertidumbre, lo que redefine radicalmente el sentido del concepto “cambio” y las estrategias para alcanzarlo.

No obstante, conviene matizar o advertir sobre algunos riesgos. El hecho de asumir que conviviremos con un grado mayor de incertidumbre que en otros periodos “entre crisis” no supone necesariamente tener que moverse en la ambigüedad. Cuando hablamos de certezas nos referimos a modelos sociales intelectualmente aprehensibles, o al menos, definibles a partir de sus mismos elementos esenciales durante todo su periodo de vigencia. Pensamos que esto no va a pasar en adelante, que no estamos transitando hacia otro modelo definible con una serie de elementos “fijos”, y que por lo tanto, la construcción de una alternativa tendrá que tener esto en cuenta.

En este nuevo paradigma basado en la incertidumbre (política, laboral, social y personal), no será tan importante acertar en un caso dado como tener capacidad para adaptarse, levantarse tras la caída y seguir. Por eso es momento de deshacerse de toda esa retórica del cambio que ha servido para apuntalar posiciones de trinchera. Necesitaremos espacios plurales y amables de elaboración colectiva en el que esa  adaptación al cambio constante va a estar muy ligada al abandono del “oportunismo”, entendido como el uso interesado de un proceso de decisión a partir del mito de la ventana de oportunidad.

Izquierda Unida puede ser la organización que lidere los procesos de transformación social que nuestro país y nuestra región necesitan, pero tiene que situarse en este escenario de incertidumbre sabiendo que el camino es largo y el proyecto debe ser de largo plazo, a la vez que dotado de medios para el debate de contenidos. Porque el problema no será siempre de liderazgos, como parece haberse planteado a partir de la aparición de la nueva socialdemocracia. También será de proyectos y de la capacidad de los mismos a la hora de ofrecer horizontes de transformación social a partir de los problemas reales de la gente en una sociedad en cambio constante.

LOS “NUMEROS” DE LA DERECHA 

El debate sobre el estado de la región. (1)

     Ha pasado más de un año de la llegada al  gobierno regional  de Cristina Cifuentes (PP)  con el apoyo de Ciudadanos. Esta semana, los días 7 y 8, se celebra el debate sobre el Estado de la Región. Parece conveniente realizar un balance de este primer año de gobierno de una legislatura marcada por la ausencia de IU en el parlamento regional y la entrada de Podemos y Ciudadanos en el juego institucional madrileño.

En primer lugar, son evidencias estadísticas que la economía regional ha estado creciendo hasta el 3,4% o que el desempleo se ha reducido, en relación al año anterior. Según la EPA 2º trimestre de 2016, en 53.200 desempleados menos, un 8,8%.

Pero ambos datos positivos,  esconden  realidades y datos muy negativas para la mayoría social de madrileños/as. El  aumento de la economía ha vuelto a situar a la Región -en términos de PIB- en 2007. Se ha perdido una década en términos económicos, pero con un agravante,  existe el mismo nivel de riqueza que hace una década, pero en esta ocasión su distribución es más desigual que nunca, como veremos.

En el caso del paro, tenemos más del doble de desempleados que entonces, del 6,67% en 2007 al 16,3% actual. Y si bien es cierto, como dicen las estadísticas, que el nivel de desempleo cae, el empleo que se crea es temporal (el 85% del creado en 2016), a tiempo parcial y con salarios y condiciones laborales en algún caso rozan la miseria, dando lugar a la  aparición de  una nueva figura laboral: la de aquellos trabajadores, que aún con empleo,  sus salarios son tan bajos que no pueden llevar unas condiciones dignas de vida. Son los llamados “trabajadores pobres”, que ya representan  más del 11% de los trabajadores madrileños.

Disponer de un empleo no garantiza unas condiciones dignas de vida si además unimos a ello  la disminución de los servicios públicos, debido a la caída del gasto público social. Tenemos una sociedad mucho más desigual y más injusta.

El deterioro de la calidad de los servicios públicos básicos y de las prestaciones sociales es una realidad sufrida por la mayoría de madrileños, durante los años de crisis, debido, sobre todo, a la “sacralización” de la austeridad, que incidió de manera muy  negativa en las políticas públicas en servicios  fundamentales y prestaciones.

Y hoy aunque se evidencia, como señalábamos al principio,  un crecimiento en las cifras macroeconómicas, influenciado de manera importante por factores externos, como aumento del turismo,  bajada del precio del petróleo, etc. Este crecimiento no le ha llegado a la mayoría.

 Según datos del  segundo trimestre de la EPA de 2016 en la región de Madrid tenemos;

  • 549.200  parados
  • De ellos más de 330.000  llevan más de un año sin empleo, por tanto se convierten en estructurales.
  • A su vez, se estima que aproximadamente unos 318.000 no disfrutan ya de prestación alguna, debido a los recortes producidos por el Estado en esta materia.

En lo que se refiere a contratos, según los datos de Ministerio de mes de agosto, sólo el 14,2% serían indefinidos, el resto temporales y de ellos el 42% inferiores a 2 semanas.

Como ya decíamos,  los servicios públicos fundamentales han sido muy dañados por las políticas realizadas por el Partido Popular. Se estima por parte de los sindicatos, que la destrucción de empleo en las distintas Consejerías o Empresas Públicas de la Comunidad de Madrid, habrían supuesto casi un descenso de más de 22.000 trabajadores (Educadores, Sanitarios, Servicios Sociales, Metro, etc.) en estas cifras se incluyen despidos, no renovación de contratos, o no cumplimiento de la tasa de reposición. La política de recuperación de servicios públicos pasa por el restablecimiento de plantillas suficientes que garanticen la calidad de los mismos.

Los principales gastos de la Comunidad de Madrid se concentran en tres pilares del Estado de Bienestar: la sanidad, la educación y los servicios sociales, los tres suponen casi 90% del gasto de la Comunidad de Madrid, los tres han sufrido recortes importantes en sus presupuestos, como veremos. Pero en todos los casos mientras se recortaba el gasto público, se incrementaba el gasto en externalizaciones y privatizaciones.

La sanidad, si comparamos lo que se gastaba antes de la crisis en el año 2008,  con lo gastado en el año 2015, vemos que el descenso es de más de 1.000 millones de euros. Que han supuesto más de 7.500 profesionales menos.

Aunque casi  todas las partidas del gasto sanitario público descendieron hubo algunas como las externalizaciones / privatizaciones sanitarias, que en este periodo crecieron más del 100%, pasando de apenas 400 millones en 2008 a más de 850 millones de euros en 2015.

Por tanto, podemos afirmar que gran parte del recorte realizado en la sanidad pública ha ido a beneficiar a la sanidad privada.

En los presupuestos de 2016 el  gobierno de Cristina Cifuentes, mejoro levemente la asignación a la sanidad pública,  con un aumento del 2,1%, la realidad es que ha continuado con esta política de privatizaciones, con un aumento del 5,8%  hasta alcanzar más de 960 millones de euros.

Los resultados nos muestran su fracaso, a finales de Julio la cifra en la  Lista de Espera Quirúrgica superaba los 75.500 paciente, es decir con tiempos de espera superiores a los 30 días.

La educación, si comparamos lo que se gastaba antes de la crisis en el año 2008,  con lo gastado en el año 2015, vemos que el descenso es de más de 700 millones de euros. Que han supuesto más de 5.300 profesionales menos.

Al igual que en la sanidad, en los presupuestos de 2016, se produjo una leve mejora del 2,7%, que ni de lejos recupera los recortes producidos desde el inicio de la crisis.

Todo este descenso del gasto educativo público ha coincidido en los años de crisis con un aumento del número de alumnos y alumnas del 6,8% y el incremento de la ratio por aula, la ampliación de la jornada lectiva del docente y otras medidas antisociales que deterioran las condiciones de trabajo del personal docente y, sobre todo, la calidad del servicio

A su vez, el dinero destinado para becas de transporte, libros, comedor, etc…Se redujo en este mismo tiempo en más del 90%.

Pero como en el caso de la sanidad, no todo han sido recortes en Educación, los conciertos con la educación privada se han mejorado y ampliado entre 2008 y 2016 incluido se han aumentado un 31% hasta alcanzar más de 975 millones de euros.

Las tasas de las  Escuelas Infantiles Públicas se incrementaban un 60% en 2012, por tanto pese a la rebaja del 20% para el próximo curso, continúan un 40% por encima de su coste de hace 4 años. Mientras que los “cheques guardería” para las privadas se incrementaban más del 20%.

En el caso de las Universidades Públicas, en el mismo 2012 “sufrieron” un recorte de 175 millones de euros, que se quisieron compensar con el incremento de las tasas (“tasazo” hasta un 65% para los grados y 100% para los Master).

Los Servicios Sociales, a diferencia de lo sucedido con la sanidad o la educación, estos gastos se han visto incrementados en un 0,95%, algo que sería lógico en un momento de crisis y de aumento de la población en riesgo de pobreza. Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 20,4% de los madrileños sería pobre 4,2 puntos más que al inicio de la crisis, y supondrían 120.000 hogares.  Por tanto totalmente insuficiente para atender las nuevas necesidades de los madrileños.

Pero al  igual que en el caso de la sanidad o la  educación hay partidas que se han reducido como la de personal el 7%  o la inversión un 70%  y otras, sin embargo, que se han incrementado como las  externalizaciones en un 12,8%. 

Por tanto, podemos observar que aunque se trata diferentes tipos de gasto, la política practicada ha tenido un común denominador, retraer gastos de lo público, para pasarlo al beneficio privado.

Por último y no menos importante, la política fiscal práctica en la última década por el Gobierno Regional y que ha tenido su continuidad con Cristina Cifuentes.

Una política basada en “rebajas fiscales”, de las cuales se benefician sobre todo una minoría –el 5% de los 3,1 millones de contribuyentes madrileños- justamente aquellos con mayores rentas y patrimonios, y por tanto, una política injusta socialmente e ineficaz para la reactivación de la actividad económica productiva y el consumo.

Estas “rebajas fiscales” han supuesto en 2014 dejar de ingresar más de 2.600 millones de euros

Por ejemplo, la eliminación del Impuesto de Patrimonio, única CCAA que no lo tiene, supone que 15.000 millonarios con una patrimonio medio de 8 millones de euros, se ahorren en impuestos más de 42.000 euros, y además supone dejar de ingresar las arcas regionales más de 600 millones de euros.

(Continuará)

FIN DE LA ILUSIÓN.

 IZQUIERDA Y VUELTA A LA REALIDAD.

     La propuesta para la investidura de Rajoy el próximo día 30 será el momento para iniciar la etapa final de un curso político que ha puesto a prueba la fatiga de los materiales que conforman el andamiaje político-institucional de este país.

   Ciclo electoral largo, muy largo, que iniciado hace ya para tres años con las elecciones europeas y que, a través de las autonómicas y municipales y dos citas generales, ha acondicionado la representación y los espacios políticos al malestar ciudadano emergido con la crisis. 

   Quienes propusieron leer lo que estaba sucediendo en clave de “fin de régimen”, “segunda transición” hace tiempo que vienen modificando su discurso. Al menos los más perspicaces de entre ellos. Otros a buen seguro siguen buscando nuevos términos llamativos con los que seguir encubriendo la ausencia de entidad real de sus propuestas. La idea de que la política explica hechos y los provoca ha dejado paso en ellos a la política como productora de spots y literatura de ficción.

    Las pasadas elecciones de junio ya evidenciaron que la “ventana de oportunidad” abierta en la opinión pública como consecuencia y respuesta a las políticas de ajuste y al asfixiante clima de corrupción política, tenía graves carencias de partida –la principal, una total ausencia de movilización social pese a las constantes referencias a las “plazas” y el 15M- y que los frustrantes resultados de Unidos Podemos en la mayoría de las  ciudades que apenas un año antes habían protagonizado la derrota municipal  del PP, eran (son) una advertencia  sobre la decepción y cansancio que en sectores populares se viene instalando respecto al “cambio político” entonces iniciado. La ilusión se ha agotado muy rápidamente.

   En nuestra región, resulta imposible no pararse a  considerar la incapacidad que han mostrado muchas –las principales- CUP, empezando por la de la capital, para trasladar los apoyos recibidos hace un año al voto en las generales.

   Las explicaciones que de todo esto estamos oyendo y leyendo en el discurso oficial de IU Madrid (informe último CPR o artículo de Mauricio Valiente en el diario de 27 de agosto) nos parecen que solo alargan la agonía de una vía ya agotada, evitando abrir una reflexión de alcance que sienten como una desautorización. Un clásico “echar la culpa al empedrado” para no asumir responsabilidad alguna.

   El resultado principal del 26 J no fue (LINEAS PARA ORIENTARSE TRAS EL 26J) que la coalición no habíamos alcanzado las expectativas anunciadas, sino que se había alejado la posibilidad real de desalojar al PP del gobierno. Y eso, revertir sus políticas de agresión a los trabajadores con la construcción de una mayoría política alternativa, era el objetivo imprescindible para la izquierda transformadora.    

   De frustrarse, como todo parece indicar, la investidura del próximo 30 y la segunda oportunidad 48 horas después, de nuevo volveremos a votar. La idea de un gobierno alternativo al encabezado por el PP es una línea de argumentación política legitima pero no una posibilidad cierta salvo con la complicidad de fuerzas que desnaturalizarían el sentido “alternativo” de la opción limitándola a una coalición negativa.

   De volver a votar, las tendencias apuntadas el pasado 26J seguramente se profundicen ahondando la derechización del mapa institucional entonces iniciada. Muy posible que también continúe la leve recuperación del bipartidismo (50% en diciembre y 55% en junio). 

   Será entonces el momento de rescatar aquella sentencia de Manolo Monereo respecto a la situación en Grecia (¿quién se acuerda ya de Grecia?) tras las elecciones que encumbraron a Txipras y Syriza después del engañoso referéndum a que sometieron a la ciudadanía: vuelta a la “normalidad”, fin de la esperanza.

   En IU no podemos seguir aceptando un papel a remolque de una orientación, la de Podemos, que  ayuda a que se cumplan estas expectativas. No se trata, no proponemos romper ahora la coalición establecida,  pero si de forzar una reorientación necesaria.

   No podemos seguir amparando un discurso que, según el día de la semana y la encuesta de turno, se autocalifica como más o menos de izquierda, nueva o vieja socialdemocracia. No podemos aceptar descalificar al PSOE para luego suplicarle un acuerdo. No es presentable.

   Izquierda Unida debe para ello perder miedo a la rectificación de análisis que la realidad está mostrando equivocados. Y hacerlo sin alentar por ello ningún conflicto interno.

   No se trata, como se afirma,  del fin de un ciclo electoral lo que ahora afrontamos, sino el inicio de la  consolidación de la hegemonía por parte de la derecha política y los sectores favorecidos por una crisis que ellos mismos provocaron, tras una etapa en que sus intereses y valores estuvieron socialmente cuestionados. 

   Una nueva fase de la política en España que no está definida y en la que la izquierda que IU quiere ser debe precisar propuesta y discurso con el objetivo de garantizar los intereses, la organización independiente   y la representación política de los trabajadores.  

   Nada está perdido de antemano. Unidos Podemos mantiene un importante apoyo y una representación institucional amplia. La crisis ha abierto sin duda brechas en la opinión respecto a la legitimidad de muchas cuestiones tenidas como intocables anteriormente. El deseo de poner fin al dominio de la derecha es todavía real en amplios sectores.   Todo ello impulsa las posibilidades de la izquierda si esta deja de ser protagonista única de sus propios análisis y, en el caso de IU, supera un empobrecedor hiperliderazgo que solo expresa la fragilidad actual de su proyecto político y, de paso,  nos ata a esa política concebida como espectáculo que busca reducir al ciudadano a la categoría de consumidor pasivo de mercadotecnia política.

   En esa tarea de vuelta a la realidad y revitalización de Izquierda Unida, seguro que  nos encontraremos. Al menos eso esperamos. 

Madrid, 29 de agosto de 2016.

 

 

   

  

 

 

LINEAS PARA ORIENTARSE TRAS EL 26J Y, DE PASO, ANALISIS BASICO SOBRE LOS RESULTADOS.

Estas elecciones, en sus datos aritméticos, sugieren algunas conclusiones fundamentales para cuya explicación detallada tenemos necesidad de tiempo e información más completa de la que ahora, a pocas horas del cierre del escrutinio, disponemos. Seria, por ejemplo, de gran utilidad un estudio sobre el comportamiento electoral de las clases sociales.
Superar los mensajes de todos los partidos que, como en cada proceso electoral, analizan el resultado desde un prisma favorecedor de sus intereses, es imprescindible para extraer elementos útiles para interpretar –intentarlo- las corrientes de fondo que los resultados reflejan. Pero desde IU, sobre todo, lo será huir de esas conclusiones tan orientadas a la interiorización que solo reproducen, apoyadas en algún dato traído por los pelos, las posiciones previas de las partes (nada más cerrar las urnas los tuits de júbilo o, por el contrario, alarmando del “fracaso electoral”, delataban sin margen de error a sus redactores).
Concentrémonos en los elementos identificables más “pacíficos” y, al tiempo, con mayor carga política de futuro.
1. Se consolida el retroceso del bipartidismo aunque pasa del 50,73 en diciembre a 55,69 ahora, muy lejos en todo caso de ese más del 80 % a que la suma de PP y PSOE nos tenía habituados. Resultado del deterioro político institucional y desprestigio de los partidos, el juego con 4 protagonistas es uno de los elementos que la crisis ha instalado con sus vertientes de dificultad para la constitución de gobiernos e inestabilidad (tampoco ahora parece sencilla la formación de gobierno). El que esta característica se mantenga o, como en la transición, evolucione hacia un nuevo bipartidismo favorecida por la legislación electoral (circunscripciones) vendrá muy condicionado por el “cansancio” del electorado
ante la incapacidad de los partidos para el acuerdo y la consiguiente falta de gobiernos estables que pueda llegar a ser sentida como negativa para su vida “real” (algo de esto puede estar ya tras el repunte del PP en estos 6 meses).
2. Ese equilibrio a cuatro se escora a la derecha. El avance de más de 4 puntos del PP compensa con creces el retroceso de Ciudadanos de menos de uno. Los 6 nuevos diputados del centro derecha ponen más cerca un gobierno del PP sobre todo porque alejan el punto de equilibrio con la izquierda (169 frente a 156 ahora, 163 frente a 161 el 20D). La derechización es uno de los resultadoslo que ya está siendo utilizado desde el PSOE y aledaños para responsabilizar a Podemos como culpable de estas segundas elecciones al no haber votado la investidura de Pedro Sánchez.
3. Pese a su retroceso en Galicia (pierde un escaño y más de 60000 votos en el único territorio en que el bipartidismo repunta) las confluencias se confirman como primera fuerza política en Euskadi y Cataluña. El desplazamiento en estos territorios de las fuerzas nacionalistas y, especialmente, de la dinámica independentista como factor asfixiantemente hegemónico en el debate público, es una de las conclusión de mayor calado de los resultados electorales de este 26J.
4. Las encuestas han vuelto a fallar. Ni la participación fue menor como se anunciaba (hasta 5 puntos respecto a la cita de diciembre) ni el voto se distribuyó como preveián. Unidos Podemos fue el gran afectado al competir con unas expectativas que confirmaban su apuesta por el sorpasso y medirse con el PP como su alternativa y que no se concretaron finalmente.
Bien. Estas serían las principales conclusiones de lo que se ha votado este 26J. ¿Cuáles son los efectos en el panorama político inmediato y en el equilibrio de los partidos?
1. Aunque las opciones para la formación de Gobierno priman a un PP que sale reforzado y que si en diciembre era el damnificado ahora es el único que mejora en voto, escaños,… y puede dar por superada la etapa más negra de su reciente historia alegando el “perdón” del electorado tras recuperar casi 700000 votos de Cs, la tarea no parece sencilla. El apoyo de Ciudadanos no bastara (169) si funciona la coalición negativa de todos los demás. El PP se impulsa pero no se garantiza el gobierno ni una legislatura tranquila.
2. El PSOE empeora sus resultados de diciembre pasado. Pierde 5 escaños y, lo peor, se complica un posible acuerdo con Ciudadanos pues ambos menguan en 13, sumando juntos menos que el PP en solitario. Si vemos su territorio electoral comprobamos como, elección tras elección, profundiza en su carácter de opción del meridiano español. Solo es hegemónico en 3 provincias. Todas andaluzas.
Aun así, la victoria del PP en Andalucía limita las opciones de Susana Díaz a la hora de exigir responsabilidades a un Pedro Sanchez que, con el menor apoyo electoral de la historia de su partido, aparece casi como un triunfador al mantenerse en segunda posición y evitar el anunciado sorpasso. Ahora sí, seguramente el PSOE renunciara a cualquier aventura de imposible mayoría de gobierno. Pese a esto podemos pensar que no colaborara en un gobierno PP. Su necesidad de poner “tierra de por medio” con Podemos será, muy posiblemente, el eje de su actuación.
3. Podemos aparece como el gran, casi único, perdedor de la jornada (acompañado en el luctuoso título por la otra estrella de la emergencia que retrocede 8 escaños pese a unas encuestas que premiaban su disposición al pacto). No es tanto su resultado como el incumplimiento de unas expectativas creadas y apoyadas por un historial de éxitos que las encuestas –todas las encuestas- volvían a revalidar para este 26J.
No fue así y lo que todos intuíamos afloro. Creada para ganar, la “máquina de guerra electoral” de que hablo Errejon ha entrado en una etapa que evidencia diferencias de fondo. La convivencia de proyectos u orientación parece difícil de mantenerse. No es buena noticia pues, más allá de otras consideraciones, ha conseguido agrupar el voto de una ciudadanía descontenta (la misma que recorre todos los cuerpos sociales en Europa y se expresa de manera muy diferente políticamente) sobre una plataforma política indudablemente progresista y de izquierda.
La crisis interna será catalizada a partir de la valoración del acuerdo de coalición con IU. Un acuerdo que les aleja de la transversalidad famosa y les ancla en la izquierda que nunca reivindicaron (el “confuso espacio” en palabras de Monedero).
Si, además, el acuerdo ha supuesto que ceden 5 escaños a IU además de lo que pueda suponer económicamente, los motivos e intereses en el cuestionamiento de la coalición no nos pueden resultar extraños.
Es la evolución interna de Podemos con el debate que parecen haber iniciado lo que, paradójicamente, puede dar por acabada la experiencia de Unidos Podemos. Consulta interna por medio, evidentemente.
Una idea final sobre este asunto: en Italia el Movimiento 5 estrellas ha superado crisis internas diversas y, como acabamos de ver, goza de muy buena salud electoral. Precipitarse en escribir el epitafio de Podemos es muy aventurero. Aquí y allí la respuesta para la reorientación de quienes han encontrado en esas fórmulas que, a veces simplificamos como “populistas”, su opción de voto depende en buena parte de la izquierda política y su configuración concreta.
Y nosotros (que nos queremos tanto)?
La coalición con Podemos no ha funcionado y sus resultados quedan lejos de lo que se podía esperar aun sabiendo que las sumas en política no son mecánicas. Aun así, y para evitar fugas fáciles hacia ninguna parte, resulta necesario que tengamos bien presente las posibilidades reales para IU de ir en solitario en esta convocatoria si valoramos la situación orgánica y, especialmente, la quiebra financiera. Eso sin considerar el impulso concreto electoral que pudimos analizar en diciembre y que no auguraba nada fácil sobrevivir en un escenario de polarización previsible aun con el repunte que nos auguraban las encuestas antes de la convocatoria. Esas mismas que han errado sus demás previsiones.
Desde ese punto de vista, la coalición era la opción posible. Una coalición que, por lo demás, era la formula jurídico política que nosotros habíamos defendido frente a otras (partidos instrumentales, agrupación electores) en la larga pelea interna de Madrid. Una coalición que no podía tener una fácil aceptación entre las bases de IU reacias lógicamente a compartir tarea electoral con quien hasta ayer las despreciaba públicamente.
Con todo ello, la coalición no ha funcionado. Todo parece apuntar a que el millón largo de votos extraviado ha recalado en la abstención que se ha incrementado en una cifra similar. Debemos analizar con datos y sin apriorismos esta cuestión. La cuota de esa a abstención procedente de votantes de IU o de Podemos esta por determinar. Con seriedad, sin improvisaciones al servicio de conclusiones interesadas.
Si Podemos acepto un acuerdo con IU que hasta entonces había rechazado era por la evidencia del desgaste que ya
sufría la “marca” y, especialmente, la figura de Pablo Iglesias. La campaña, con los bandazos y declaraciones contradictorias por su parte, parece haber profundizado esa tendencia y el desapego de parte de su base electoral. También aquí merece atención el efecto que haya podido tener entre sectores de su electorado el acuerdo con IU.
En IU, el deterioro, expresado en el alejamiento de sectores de la organización y la pasividad de otros, es también resultado de la cristalización del conflicto interno sin aparente salida. Solo en fecha tan reciente como la asamblea federal, la aparición de la lista y documento alternativo al oficial -Iu si con + fuerza- esta siendo capaz de canalizar en positivo ese sentimiento difuso y extendido de desacuerdo con la orientación y prácticas de la dirección federal. Ya hemos analizado esto en otras ocasiones y sabemos de nuestra contribución en ese esfuerzo.
El fracaso no obstante para IU, para nosotros, debemos referenciarlo en términos políticos. El retroceso en las principales ciudades que hace un año protagonizaron la derrota del PP en las municipales, Madrid entre ellas, con ser una fuerte medida de ese fracaso es nada comparado con que el 26J se salda muy seguramente con la imposibilidad de desalojar al PP del gobierno. Y eso, revertir sus políticas de agresión a los trabajadores con la construcción de una mayoría política alternativa, era el objetivo de fondo de esta etapa. Esa es la medida real del fracaso de Unidos Podemos.
Posiblemente, en otros planos, el saldo sea positivo (mayor presencia institucional en ambas cámaras, ingresos financieros imprescindibles y una evidente mayor visibilidad en los medios). Ya iremos viendo, pero el principal objetivo político parece hoy más inalcanzable.
Impulsar este reconocimiento de la realidad y la necesaria autocrítica debiera ser una cuestión a plantear en los
órganos de dirección regionales y federales. Debemos rellenar con nuestra propuesta las evidentes carencias que tiene la lectura oficial.
¿Qué hacemos ahora?
Si fuéramos capaces de prescindir de la clave interna como aquello que determina nuestra visión de conjunto y volviéramos nuestra curiosidad hacia fuera a la hora de buscar lo que nos une y que nos justifica como militantes políticos, no nos resultaría tan difícil concluir las tareas que la realidad pone ante nosotros.
Unidos Podemos mantiene la posición y el número de escaños de la suma (69+2) y sus más de 5 millones de votos, pese al millón perdido de la suma. Todo indica que seguirá como coalición. El retroceso y las diferencias internas en Podemos pueden jugar a favor de nuestras posiciones sobre la “orientación ” de la política de confluencia aprobada en la asamblea federal. En cualquier caso, la relación y entendimiento con Podemos debe entrar en la etapa de normalización y competencia política habitual en estas situaciones. Aunque la existencia de la coalición introduzca un elemento propio y más estrecho en esa relación, el ejemplo del PSOE y nuestra colaboración/pugna con el nos debe ser útil.
Intervenir en la realidad social desde IU nos debe llevar a considerar la lamentable situación de la movilización social. El gobierno que parece más probable, las exigencias del déficit señaladas desde Bruselas y que, a buen seguro, desembocarán en nuevas agresiones y recortes, deberán encontrarnos en la organización de esa movilización que hoy no tiene apenas papel en el escenario político español.
En el interno de IU Madrid como bien sabemos la plena incorporación aún está pendiente. Como abrir la cuestión de la ejecutiva regional una vez nuestros compañeros se incorporan a la ejecutiva federal, son tareas pendientes desde la asamblea. Debemos tomar la iniciativa una vez superadas las elecciones y hacer de la plena normalización interna una cuestión en el orden del día y no permitir su invisibilización.
La reconstrucción de IU que reclamamos y nos identifica, depende en buena medida de nuestra iniciativa sin precisar mucho más que eso.
La constitución de asambleas pendientes que reúnen las condiciones fijadas en los estatutos; el impulso al funcionamiento y trabajo externo de las ya constituidas (ahora mismo actos y encuentros para analizar el 26J con presencia de los compañeros que ya tenemos en la ejecutiva federal) o la creación de las áreas para retomar el trabajo hecho y la elaboración….,todo esto impulsaría nuestra posición y, muy importante, nos colocaría en una vía de trabajo e intervención que ayudaría a superar el estancamiento que sufrimos como IU Madrid y como espacio propio.
También en nuestra última reunión se situaba el relanzar la comunicación y trabajar un encuentro para un debate más tranquilo y de fondo sobre aspectos centrales de la realidad política (p.e. la cuestión europea).
En resumen, mucho que hacer y cómo está por medio el verano, esperemos que volvamos todos y todas con las pilas recargadas.