1ª jornada de debate. 22/octubre/2016.

     Hemos debatido este día sobre dos aspectos de interés evidente para nuestra acción política: lo local y las posibilidades de la gestión de la izquierda tras las pasadas elecciones que desplazaron al PP e iniciaron una experiencia municipal nueva en tantas localidades de nuestra región. La realidad hoy de las propuestas de rescate –remunicipalización-  de servicios privatizados que prometieron programas entonces presentados.

   Y, como no podía ser de otra manera, un segundo debate sobre la actual fase y las políticas de Izquierda Unida.

   Para ambos debates hemos contado con unos ponentes que resumen bien los objetivos de este encuentro: conocimiento de los temas a debate y la voluntad de aportar a la construcción de un espacio federal con discurso y propuestas propias en el seno de IU.

   La participación de compañeros de Castilla La Mancha, Andalucía, Cataluña y País Valenciano se explica desde esa meta compartida.

   La dificultad en el desarrollo de propuestas de fondo en un marco regulatorio diseñado para obstaculizar  la puesta de las instituciones locales al servicio de las mayorías sociales y las estrategias posibles para superar esa realidad y la caracterización de la recomposición estratégica de la izquierda, en su forma, sujetos y contenidos, enmascarada tras los debates de unos y las crisis de otros, junto con la crítica razonada a la orientación en IU y la persistencia de la dirección en una retórica que la realidad viene desmontando, serian un rápido resumen de las conclusiones de un encuentro que tendrá continuidad. 

  Para que podáis sacar vuestras propias conclusiones os ofrecemos editado el audio con las aportaciones y ponencias del primer debate, seguros de su interés para enriquecer nuestro discurso sobre lo local.

 

Combatir la anorexia de IU

Parece que tanto quienes apoyamos en la pasada XI Asamblea de Izquierda Unida los documentos y las candidaturas internas de “IU, sí; con más fuerza”, como ahora quienes se aglutinan alrededor de la mayoría –y con su relato de “fortalecer IU para superarla”–, confluimos en la necesidad de trabajar para una mayor fuerza de la organización. Es evidente que la influencia y visibilidad políticas de IU no pasan por su mejor momento. Basta el último ejemplo: la comparecencia ante los medios de comunicación, delante de los leones del Congreso de los Diputados, de un grupo de dirigentes de Unidos Podemos para presentar una propuesta para derogar la Ley de Racionabilidad y Sostenibilidad de la Administración Local. Una ley a la que IU había presentado en su día, con otras fuerzas, un recurso de anticonstitucionalidad respaldado por más de 3.000 municipios y construido con una gran participación de nuestros concejales y alcaldes. Ahora, el acto mediático ha sido a la mayor gloria de Podemos y de Pablo Iglesias y la presencia de los cargos públicos locales de IU, marginal y marginada.

Y es que la influencia política y la visibilidad de una organización no dependen sólo de las cuotas de relevancia dentro de un Grupo Parlamentario de coalición, sino principalmente del respeto por el propio trabajo.

Toda organización que se fortalece se supera, pero la palabra superar (“superar IU”) tiene cuatro acepciones. Una de ellas es “dejar atrás o abandonar algo como inútil o anticuado”. El equipo actual de dirección de IU debería aclarar si es ésta la que orienta su hoja de ruta real, porque los hechos (más adelante hablaré de las palabras) parecen confirmarlo.

Así, se propone caminar hacia un nuevo movimiento político y social. El referente en ese camino es Podemos y el acuerdo electoral un paso importante para ello, según los portavoces del equipo de dirección de IU. Ocurre que Podemos es una fuerza que no tiene en su estrategia nada que tenga que ver con convertirse en un movimiento político y social. Y más bien somos nosotros quienes estamos poniendo en cuestión el trabajo en las áreas y rebajando el peso real en las decisiones de la afiliación sin partido (bases fundamentales, ambas, del concepto de movimiento social).

Algunos dirigentes de IU consideran que es factible lograr la hegemonía suficiente en Podemos para cambiar esa estrategia. Otros han intentado antes el mismo camino con el PSOE y el éxito de la experiencia está a la vista. Pero, además, intentar esa hegemonía en las actuales condiciones tiene dos graves riesgos: el primero, entrar en la batalla interna de Podemos, lo que me parece un grave error. El segundo, negociar con Podemos las cuestiones relacionadas con el acuerdo electoral más desde la perspectiva de su correlación interna de fuerzas (es decir, en la práctica, con la lógica de un grupo interno) que desde la defensa de las posiciones de IU, lo que crea una dinámica de irrelevancia (más aún si el objetivo es “dejar atrás” IU).

Izquierda Unida ha aprobado un Plan Estratégico que sitúa temporalmente el objetivo de consolidación de ese nuevo movimiento político y social en el inicio de la campaña de las próximas elecciones municipales, autonómicas y, por cierto, también europeas. Se argumenta por la dirección que este Plan Estratégico se sustenta en los documentos aprobados mayoritariamente en la XI Asamblea y, por tanto, no es discutible y genera un Plan de Acción que, por la misma argumentación, sólo es mejorable técnicamente. De hecho, en la Asamblea Política y Social (máximo órgano de IU) donde se aprobó, sólo se añadieron unos escasos renglones a la propuesta inicial.

Las dos cuestiones de fondo de ese Plan son, por un lado, que introduce una metodología nueva (aunque antigua en otros campos e influencias), en la discusión y elaboración política de una fuerza alternativa de izquierdas. Se abandona el método dialéctico.

Por otro lado, se produce una auténtica transmutación de los conceptos, muy propia de las elaboraciones postmarxistas. Así, clases populares sustituye a clase trabajadora, conflicto a lucha de clases, precariedad a explotación, superar IU a fortalecer IU, etc. Se cree que el cambio del concepto, cambia la realidad.

A quienes pensamos que el marxismo no es un dogma, sino una guía para la acción, nos parece positivo investigar y desarrollar la teoría para dar respuesta a problemas nuevos, que no podían ser explicados antes. Pero no estamos ante eso, sino ante un intento de hacer estéril la teoría, para evitar un análisis coherente. El resultado no se refiere, pues, a la realidad concreta para interpretarla correctamente y transformarla, sino a un mundo idealizado.

Así han sido posible teorizar el “ahora o nunca”, el “asalto a los cielos”, la “crisis de régimen” o los “espacios de confluencia” ignorando el tiempo y la experiencia históricos y, con ello, la correlación de fuerzas y el análisis concreto de la realidad.

Como consecuencia de todo lo anterior podemos afirmar que Izquierda Unida se encuentra hoy en un proceso de anorexia, que políticamente significa una anemia organizativa, que hace que en los procesos de consulta directa a la militancia en cuestiones de la mayor importancia apenas se llegue a una participación del 30%. Además la zozobra en la afiliación, que duda de si en las próximas consultas electorales nuestros candidatos irán empotrados en otra fuerza (nuestra presencia municipal es muy atrayente), como ya se intentó el 20D, o mantendrán el programa y la presencia de IU. Hay que añadir una creciente irrelevancia política por lo que parece una subordinación de la iniciativa política a Podemos y, sobre todo, la aparición de una práctica política basada en una fundamentación teórica -no discutida en ningún sitio- que propugna que la izquierda que quiere superar el capitalismo (aquí sí, dejarlo atrás) ha fracasado en avanzar en la transformación de la sociedad con ese objetivo en Europa (aunque se calla que ninguna otra fuerza lo ha intentado siquiera) y que es la hora de un supuesto “Partido de las Clases Populares”.

Las consecuencias de esta dinámica no nos son desconocidas. En Cataluña y en Italia, por ejemplo.

Es la hora de revertir el avance de la anorexia en IU. Todos los que hablamos de fortalecerla deberíamos estar interesados en ello. Con un objetivo claro, en mi opinión: los trabajadores y trabajadoras de este país deben tener un sólido referente político y social, capaz de defender sus intereses en el proceso de transformación de la sociedad, partiendo del criterio de que la contradicción capital/trabajo es el “palo de pajar” de las sociedades capitalistas y articula las demás contradicciones y que la explotación, la apropiación privada de la plusvalía y la alienación son núcleo de esa contradicción. Eso no excluye los acuerdos electorales y políticos con otras fuerzas, sean populistas o reformistas. Al contrario, sólo eso puede garantizar la eficacia transformadora de esos acuerdos.

Para ello no hay otro camino que iniciar urgentemente un análisis concreto de la experiencia que hemos acumulado en estos meses. No se trata de darle la vuelta a ninguna Asamblea, ni siquiera de empezar el debate por la Hoja de Ruta discutida y acordada. La cuestión es que en el relieve de la ruta ha habido modificaciones y han aparecido puertos de montaña importantes. La salida de la crisis de acuerdo con los intereses de la burguesía, la atonía de la movilización y la situación del PSOE son buenos ejemplos. Y, por supuesto, no puede haber ninguna agenda oculta a la militancia.

Es imprescindible mantener en ese debate el método dialéctico, que permita la discusión de las posiciones contrarias y su solución en una síntesis superadora, lejos de cualquier mezcolanza pastelera y, al mismo tiempo, procurar la mayor participación en la discusión.

Es necesario mantener y llevar a la práctica política las elaboraciones por un nuevo modelo productivo que oriente una salida de la crisis progresista y sea la base de un nuevo país.

Y finalmente, para muchos de nosotros, está claro que lo que demanda el futuro es la izquierda necesaria con criterio de clase (como han sabido defender muchos de nuestros compañeros y compañeras en el País Valenciá), que no va a desaparecer en la hojarasca de los intereses transversales de la pequeña burguesía populista (“ni izquierda ni derecha”). Muchos de ellos pueden ser respetables, pero no son los nuestros.

Insisto, para que quede claro, en que seguramente es necesario llegar a acuerdos políticos e institucionales con el reformismo y/o con el populismo, siempre que sea sobre bases programáticas y con prácticas recíprocamente respetuosas. IU lo ha hecho casi siempre que ha sido necesario y posible.

Pero no compartimos con reformistas ni populistas concepción general del mundo, objetivo estratégico de nuestra práctica política ni análisis de fondo de los ejes de la sociedad en la que vivimos. La unidad es deseable y positiva en los aspectos en que está justificada y cuando es posible. Más allá es otra cosa.

(*) José Antonio García Rubio es responsable de Empleo y Relaciones Laborales de IU. el

Artículo aparecido en cuartopoder.es 18/10/16